viernes, octubre 24, 2008

Recomendaciones DVD: ARREBATO de Iván Zulueta


Ya sabe todo el mundo que Arrebato es esa película malditísima y secreta, de sexo, drogas y desenfreno que dio la campanada inaugural de la archipromocionada “movida” ochentera.

Y eso creía yo.

Pero no. Arrebato es sobre todo una obra de arte dotada de un brillo total, de esa rara luz que desprenden únicamente los objetos de arte definitivamente genuinos. Por supuesto que Arrebato es una locura, pero no es un caos, muy al contrario es una auténtica filigrana de guión, montaje, música y fotografía.

Sería muy difícil dar alguna pista sobre el argumento de Arrebato, porque si bien está vertebrada en un guión esforzadísimo, Arrebato es sobre todo pulso, latido, emoción. Es un cristal poliédrico en el que hay tanto David Lynch como San Juan de la Cruz , y dosis equivalentes de Andy Warhol y de Buñuel. Imagínate. Además, según vas masticando la película van apareciendo, con gran estupefacción, todos los sabores del cine español posterior, y en una única dosis: allí está casi todo Almodóvar y Medem y Erice y hasta Amenábar.

Arrebato es muchas cosas, es un cristal que rompe la luz en muchos planos. Es una búsqueda, una persecución obsesiva pero cabal de otra dimensión, de un éxtasis desnudo, de una salida, de un punto de fuga, de un estado de arrebato total. Y aunque las drogas están ahí, por encima de todo es fascinación, obsesión y devoción total por la imagen. Es el arrebato de Van Gogh y de Francis Bacon, es esa sima telúrica y cromática que persigue desesperadamente Zulueta, y la busca construyendo un artefacto perfectamente coherente en el que consigue el-más-difícil-todavía de convertir la narración cinematográfica en pálpito, en vértigo, en imagen, en color, en tacto, en recuerdo y evocación. En experiencia, es una película que pretende ser vivida sobretodo. Zulueta habla “del otro lado” como hablan los místicos y la mejor literatura en castellano. Y se abre en canal y lo da todo para llevar al espectador a su propio cuarto de luces interior con la mayor fidelidad posible.

Zulueta concibió la película como un juego de niños, como una más de sus manualidades caseras, de sus primorosos carteles de cine y de sus cuadros, de sus colecciones de polaroids y de sus cintas de Súper-8 de jardín, y con la meticulosidad de un niño artista monta su juguete gigante, de macramé, un complejísimo encaje de bolillos, un sofisticado juego de plastilinas, cromos y cuentas de colores en los que va insertando el suspense, la narración en off, los infinitos flashbacks, los planos góticos, el pop art, la infancia, las secuencias de nubes y de días, la primera tele, sus músicas, todos los juguetes del mundo, los álbumes de cromos, las drogas, la búsqueda, el sexo y sobre todo el cine, el cine como obsesión por la imagen.

Por supuesto que Arrebato está completamente atravesada por las drogas y por la heroína en particular. Como la vida de Iván Zulueta. Esta película es de esos escasísimos ejemplos (contra lo que se dice) en los que las drogas vehiculizan realmente una obra de arte. Arrebato está plagada de chutes de heroína un lustro antes de los años de plomo, de que el caballo empezara a matar a saco en los barrios de toda España. En Arrebato los protagonistas ya se enganchan y saben y dicen antes de empezar que aquello “atrapa”, como lo sabía Zulueta. En la película la heroína es constante y tangencial a la vez, es icónica y metafórica, pero también es real. No es el fin y no es el medio, pero es parte del paisaje y de la piel de la película. Hasta el extremo absoluto y radical de que el rodaje probablemente se pareció bastante a un akelarre de cine y viajes (el propio Zulueta cuenta que no durmió ni un solo día) y sobre todo, el montaje lo llevó a cabo enteramente bajo un intenso consumo de esa droga.

Este tipo de detalles sirven habitualmente para barnizar determinadas leyendas sobre productos artísticos y sus autores, con la única finalidad real de promoción mediante la infalible persuasión que produce lo clandestino y generalmente con terribles consecuencias sociales y bastante falacia acerca de la auténtica influencia de los psicotrópicos en lo puramente artístico.

Sin embargo creo que en Arrebato hay un tempo, un tono, un latido inconfundible que inevitablemente recuerda las drogas que consumen los protagonistas y el propio director. Hay una alucinación constante muy parecida a la vigilia forzada, a los párpados abiertos, a la hipnosis y eso está en muchos planos, en la música, en el ritmo, en los personajes, en el texto, en las luces, en el propio arrebato.

Es absolutamente desconcertante comprobar que la película está rodada y estrenada en la España de 1979 donde será por muchos años un objeto absolutamente único y lejano, en tiempo y espacio, de cualquiera de sus influencias más evidentes, como el pop art neoyorkino o el surrealismo de Buñuel. Habrán de pasar muchos años para que fuera germinando la influencia de Zulueta en los demás. Iván Zulueta es uno de esos escasos artistas que dan un salto verdaderamente cualitativo en el discurso creativo, un salto demasiado arriesgado, según explica el propio director, y que le pasó una altísima factura personal, dejándolo de algún modo apartado del camino, prácticamente secuestrado por la propia heroína. El aura maldita de la cinta queda perfectamente rematada por las nefastas consecuencias que tuvo para muchos de sus participantes y muy especialmente para el propio director.

Marta Fernández-Muro, una de las actrices de la cinta cuenta que ante las preguntas y explicaciones sobre el guión de la película, Zulueta repetía unos versos.
Imposible explicarse mejor:


Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

(Santa Teresa de Jesús)


PD: Fnac ha editado una versión remasterizada de Arrebato, con una calidad de imagen y de sonido asombrosas. Además incluye entre otros extras, un documental sobre Zulueta llamado IvanZ, rodado en su casa/encierro de San Sebastián, con un innegable sabor a El desencanto (ese K2 del cine en español), con madre incluida. Imprescindible.

ARM

2 comentarios:

Los criticones dijo...

Escuchando a Bill Evans te digo...
No nombrarás el nombre de Buñuel en vano.

Good work,
FRANK

Los criticones dijo...

Of course,
sólo pegado al de Zulueta, por ejemplo.

ARM