domingo, enero 25, 2009

DÍAS MEJORES - La actualidad en clave de comedia (y ya es difícil...)

Antes de hablar de lo estrictamente artístico, hay que reconocer que es un completo acierto que se programe un espectáculo tan impregnado de actualidad. Es difícil por tanto que deje indiferente al espectador porque, quien más quien menos, todos conocemos a alguien (cuando no es uno mismo) que se ha quedado en paro a causa de los recortes de gasto en su empresa (¿alguien sabe de alguien despedido por otra causa que no sea la omnipresente crisis?) o a causa directamente del cierre de la misma.

Pero precisamente por esa actualidad que, por desgracia, posee el texto, no entiendo por qué no sé cambian en la adaptación los nombres de los personajes y de la ciudad donde se desarrolla la historia, no entiendo por qué se conservan los topónimos anglosajones cuando todo lo que ocurre puede suceder (o ha sucedido) en ciudades muy cercanas a nosotros (1, 2, 3) y a gente con nombres como Paco, Jordi, Tere o Carmen. ¿Será que queda más moderno llamarse Phill o Faye? Y mira que el director, Àlex Rigola, es catalán y tiene cerca los problemas de sus conciudadanos con las regulaciones de empleo o, en palabras menos políticamente correctas, más crudas, la puta verdad, vamos, despidos para llevarse la fábrica a otro país donde los trabajadores cobran menos.

Pero vayamos a lo nuestro: el teatro. La función comienza con mucha energía, con una canción que te contagia el ritmo de unos actores que corren por el escenario. Son personajes con una esperanza inquebrantable, aunque eso les lleve en la mayoría de las ocasiones a la locura, pero ¿qué otra cosa se puede hacer en una situación donde no se vislumbra una salida? La locura como salvación. Una nueva religión al menos te permite soñar con que la situación va a cambiar. Puede que sea mentira, pero quizá lo importante es la ilusión que se siente y no que se produzca realmente.

Todos los actores son competentes. Pero, en ciertos momentos, Tomás Pozzi sobrepasa tanto el nivel de originalidad y valentía que su actuación se convierte en un absurdo que llega a molestar; mientras Marc Rodríguez y las dos intérpretes femeninas, Ana Otero e Irene Escolar, en ocasiones desprenden una energía tan baja (creo que buscada, quizá por Àlex Rigola) que terminan contagiando al espectador, que se desliza hacia abajo en su butaca. En todo caso, son muy escasos esos momentos y la obra se mantiene a flote, aunque con subidas y bajadas, hasta el final.


Otro elemento del motaje que no llego a comprender es el uso de la proyección audiovisual. Al principio, se proyectan los créditos, los nombres de los actores y del director, como en el cine, para entendernos. Después, se usan para conectar las escenas con mensajes como "3 días después" o "esa misma noche". Eso nunca se ha necesitado en teatro. Creo que la simbiosis entre el teatro y lo audiovisual puede ser muy interesante, pero siempre que venga a cuento. En este caso creo que es totalmente innecesario. Pero, ojo, tampoco molesta.

Los minutos finales se hacen un poco cuesta arriba por esa bajada de ritmo de la que hablaba, no sólo de algunos actores, sino también de la trama, de la historia, que se ralentiza casi hasta detenerse.

Algunas personas de edad muy avanzada salieron de la sala, supongo que escandalizadas por algunos movimientos sexualmente explícitos. No es un montaje pensado para gente de mucha edad (o, mejor dicho, para gente con la mente cerrada), más bien lo disfrutarán los jóvenes porque usa un lenguaje cercano a ellos. Y eso me parece un acierto, porque si se quiere que los adolescentes y los veinteañeros vayan a las salas de teatro, se les tiene que ofrecer algo así, moderno y provocador. Pero también me pregunto si ese afán provocador no lastra a veces la obra: porque ningún "joven" menor de 50 años se va a escandalizar lo más mínimo por ver a una mujer tan cachonda que se tiene que masturbar delante de todos o por que se produzca una breve orgía entre cinco personas (cuento también al onanista de la nevera).

FRANK

2 comentarios:

PACO dijo...

frank retirate no es una cuestion de mente cerrada por favor!!!!!! ES CUESTION DE QUE EL ARTE TIENE QUE SER OTRA COSA

Los criticones dijo...

Ay, Paco, ¿y qué es el arte?

Bonita cuestión para dilucidar...

FRANK