Varias personas me han dedicado una extraña mueca de incomprensión cuando les contaba las virtudes de esta película. Creo que es porque no consiguieron identificarse con ningún personaje, algún héroe, villano o secundario cómico para dejarse llevar. La clase, una película que cuenta con todas las virtudes del mejor cine francés, es una foto naturalista a un instituto de secundaria. No entiendo cómo Fançois Begadeau puede interpretarse a sí mismo y escribir un guión basado en sus propias experiencias como profesor. Tampoco se entiende cómo es posible que los chavales no sepan que están dentro de una película. Ni cómo el director Laurent Cantent es capaz de cedernos un pupitre para ver y oír los problemas que se generan en una escuela pública, con esos acomplejados, incomprensibles, inseguros y crueles seres que son los adolescentes. Las adolescentes, sin embargo, son más virtuosas. Un relato casi existencial sobre el –negro- futuro de la raza humana, que cumple su función didáctica, que vive entre la ambigüedad que genera la propia historia, pero que aporta un moderado y realista optimismo. Algo que seulement un Français ils peuvent reproduire (mis tres meses de francés han sido un desastre)Pitu
1 comentarios:
Oh sí, siempre has sido un rendido admirador de la virtud y de sus portadoras...
Ya lo creo.
Muy bien lo tuyo, porque coincides conmigo, claro, si no...
ARM
(el francés sólo se usa pa ligar, of course)
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