lunes, enero 19, 2009

LA TABERNA FANTÁSTICA - La penúltima...

Un decorado seccionado, un bar del extrarradio partido por la mitad, del mismo modo que los personajes son diseccionados, abiertos en canal con desgarros flamencos y, por extensión, toda la miseria y toda la grandeza del ser humano, lo ruines y lo generosos que podemos ser. Una taberna atemporal. Baja a la calle y entra en el primer bar que te encuentres: esa taberna. Ese lugar donde un borracho te echa una mano por encima del hombro y te cuenta su vida. ¿Nunca te ha pasado? Puedes rechazarle, sí, apesta y no te interesa nada lo que dice. Pero yo te aconsejo que le escuches armado de paciencia.

Los borrachos aprenden desde niños que el alcohol ayuda a sobrellevar esta perra vida. O quizá el alcohol hace que ésta sea una perra vida. "El alcohol, fuente y solución de todos los problemas". Sólo una persona de carne y hueso podía resumir en una frase tanta sabiduría: Homer Simpson.

¡Qué fantástico el lenguaje tabernario! ¡Y qué rico! Cuántas palabras y qué bien utilizadas. Qué desplantes toreros dignos del mismísimo Manolete. Y eso que no sabían ni leer ni escribir. Ni hacer la o con un canuto. "De lejos, no logro ver ese cartel; y, además, no sé leer". La sabiduría de la vida. En cambio, la generación con completo acceso a una educación básica, sólo sabemos decir "mola mogollón, súper, que te cagas, ¿sabes?". Estamos perdiendo ese lenguaje brutal y sincero. Buñuel decía que no había idioma como el español para blasfemar. Alfonso Sastre lo demuestra. Para blasfemar con educación, añadiría yo. Para decir poco pero con gracia, lo contrario de nuestros políticos, que no paran de hablar para no decir más que vaciedades. ¿Será que necesitan un poco de cazalla?

Y entre tanta palabra... un silencio sepulcral en la sala, ni una mosca se oye, nadie se atreve a toser, ni a carraspear siquiera, porque dos quinquilleros se retan con la mirada. Ese silencio absoluto es uno de los más bellos momentos que se puede experimentar en una sala de teatro.

FRANK

PS: Antes de entrar en el teatro he pedido un carajillo en un bar de Lavapiés y el camarero me ha mirado como si fuera un bicho raro. Estamos perdiendo tantas cosas... Así no se puede.

2 comentarios:

Los criticones dijo...

Oye Frank, te habrá mirado como un bicho raro por la capa y el sombrero de ala ancha con pluma de faisán que te empeñas en llevar al teatro, pese a mis encarecidas recomendaciones, y no por el carajillo!


ARM

Los criticones dijo...

Pues puede ser. Aunque bichos más raros se ven por Lavapiés, ¿no?

FRANK