Ensayo sobre la ceguera es un libro increíble, escrito por una persona increíble, por lo que Meirelles ha tenido un trabajo muy difícil: hacer una película basada en un libro excelente y, más difícil todavía, de un escritor extremadamente respetado y admirado. Sólo por eso me quito el sombrero ante el director brasileño, que ha tenido los huevos de dirigir A ciegas.En cuanto a la película, Meirelles ha dicho que, cuando se proyectó por primera vez, salieron de la sala 42 personas. En el siguiente pase (con un segundo montaje), salieron solamente 12 y, bueno, finalmente, con la versión definitiva no se va nadie de la sala. ¿Pero será que si la gente se va a mitad de la película es mala señal? A veces, sí. Pero, en el caso de una adaptación de Ensayo sobre la ceguera, yo no lo creo, porque las imágenes que nos vienen a la cabeza al leer el libro son tan impactantes que es posible que más de uno haya tenido que cerrar el libro.
En todo caso, me parece que la película retrata de manera bastante fiel el libro y, aunque le falta la repugnancia que sentimos por nosotros mismos al leer el libro, sí refleja lo que somos capaces de hacer bajo determinadas circunstancias extremas.
"Hay una cosa que existe dentro de nosotros que no tiene nombre, ésa cosa es lo que somos". Dice Saramago que hay frases, como la anterior, esenciales en el libro, que echó en falta en la película. Yo eché en falta ésa y algo más, pero repito: la película me ha parecido correcta y fiel al libro, aunque me hubiese encantado ver el primer montaje. Quizá en la edición en DVD...
Noceloni
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