miércoles, mayo 13, 2009

GÉNOVA - Sufre mamón


Son muy pocas las películas que detentan el ambiguo privilegio de haberme crucificado en la butaca. El panteón de esos títulos es estrecho y en él destaca En este mundo (In This World, 2002): bestia, dura, épica y real, de lo más salvaje que me he echado al gollete y por supuesto verdadera como la vida, como el falso documental (muy poco falso) que es. Cuenta una gesta migratoria Pakistán-Europa. El responsable: Winterbottom, maldito.

 

Pues el mismo casi vuelve a doblegar mis numantinas resistencias contra la maldita ficción que escupe la pantalla. Esta vez se llama Génova y es un cañonazo en el estómago.

 

Va de una familia que pierde a la madre. El arranque no duele excesivamente, en ese punto es exactamente como la estupenda Caos Calmo del año pasado con Nanni Moretti de prota. Pero nada que ver: aquí se sufre a manos llenas.

 

Los que saben mucho de esto, como David Planell, cuentan que para hacer pupita o para emocionar no hace falta sacar una montaña de cadáveres o un campo de concentración. La niña de cinco años de Buda explotó por vergüenza intentando conseguir un cuadernito de papel para ir al cole puede provocar más lagrimas que un pasillo repleto de fotos del horror nazi. Es lo que tiene este arte, el dramático, que te mete en la camisa de un personaje: empatía, esa dichosa emoción.

 

En esta peli no hay sangre, ni ketchup, ni montañas de cadáveres, ni torturas, ni ná. El maestro es mucho más sabio y poderoso y sabe que una niña que llama a su mamá por la noche puede doler más. Sabe que el sentimiento de desprotección y desamparo de un padre con su hija pequeña y una adolescente rebelde puede ser mucho más dramático que las majaderías de efectos especiales y épicas de plastilina de un puñado de millones de billetes.

 

La peli es buena, qué duda cabe, porque es muy verdad (si ello es algo), porque te mete en la historia más de lo que te gustaría estar, porque sin que sea de vampiros te mantiene clavado a la butaca (de tortura) con todos los músculos tensos durante todo su diabólico metraje, porque los actores están simplemente perfectos. Pero, ¿por qué Winterbotton? ¿por qué eres tan salvaje, amigo? ¿yo qué te he hecho?

 

El muy bellaco no sólo opta por el enfoque más desangelado, distante y abandonado para el espectador, con un desapego y una frialdad que matan, si no que finalmente, te abandona ahí, en medio de la calle y sin un duro. Eso jode.

 

En fin, si creen que su vida es insoportablemente feliz y se sienten culpables por ello, y quieren volver a casa más suavitos que un guante (habiendo visto lo que se dice una buena peli), adelante.

 

(Maldito).

 

ARM