
Almodóvar es muchas cosas y mucho arte pero si quieres montarte un “almodovar de ikea” el rollo más o menos sería coger seis o siete personajes principales, muy almodovarianos ellos: jueces-streeper, transformistas-taxista-periodista, ediles socialistas vestidos de ciclista, secretarias calentonas con pelo a lo madona, terroristas chiitas, mujeres al borde de un ataque de nervios, sacerdotes heroinómanos con tendencias lésbicas, monagillos que pasan pirulas, charcuteros de día-colegiala de noche y un poco así ( y Chus Lampreave en la portería, of course). Le calzas al tinglao planos pop de diseño vanguardista pa´ aburrir, mucha camisa naranja sobre fondo verde, electrocutas la historia de cada personaje y lo bates bien: el juez que jugaba con muñecas conoce al ciclista que a su vez está loco por el monaguillo al que le acaba de romper el corazón un concejal casado con una macrobiotica que ha perdido los nervios y un chacra por un terrorista chiita, y si acaso, un parapléjico que se los folla a todos. Más o menos. Y la cosa suele funcionar.
Almodóvar es un creador genuino que casi se ha inventado un género con estilo inconfundible. Sin embargo lo suyo no es emocionar con sus historias, se trata más bien de crear un mecano de colores en el que todo es fascinante. Y esta peli tiene todo eso, todo lo necesario para el almodovarismo salvo un par de detalles: a ratos el juguete se atasca estrepitosamente y encalla en la parálisis, el tedio y la falta de sangre como no recuerdo en ninguna otra peli suya, y mucho más trágico, tras una primera amenaza a los pocos minutos de cinta, la cosa cae sucesivamente en varias simas de descalabro total en las que se producen momentos de auténtico ridículo. Esto es algo muy triste en cualquier película por el esfuerzo que supone montar el cristo que es un rodaje y más si es de Pedroooo. Deben de ser muchas cosas, hay chapuceo por palés (los "sutiles" homenajes al cine, el recurso del director ciego, los chavales y las drogas, ¡Alejo Saura!, la revisión de Mujeres al borde..., las "sorpresas del guión", etc, etc) hay actores que al cambiar simplemente de plano, en el segundo siguiente parece que les haya pasado una cosechadora por encima y aparecen histéricos y descontroladísimos, como salidos de un toril (sálvese siempre José Luis Gómez) qué diablos les dirán entre plano y plano, pero lo más grave es que el problema está tan en la base como en el guión, y según yo mismo, es tan chirriante la cosa que no encuentro otra explicación que el progresivo encastillamiento del “genio” y quizás su aislamiento del mortal gentío, de entre los cuales, quizás algún miembro/a hubiera podido leer el guión y comentar un sencillo Pedro, de qué coño vas tío!?
Lo de Pe es otro temita. La Pe me sigue pareciendo la misma cosa absurda delante de una pantalla que siempre, a mí se me hace que es una Marisol que aún no se ha convertido en Pepa Flores, y a estas edades ya no sé si le va a dar tiempo. Vamos que sospecho que Pe es igual a ambos lados de la cámara, la niña muñeca que se parece a cualquier cosa menos a una persona o a un personaje siquiera, es simplemente Pe. En este caso Almodóvar se ha transformado definitivamente en una suerte de niña oronda y excesiva que juega obsesiva con su muñeca Pe y le quita y le pone y la viste de todos los modelitos posibles incluso la mete en su caja de muñecas llamada Mujeres al borde de un ataque de nervios (tiró a la basura su antigua pepona La Maura) y hace que se mueva entre sus saloncitos y cocinitas y decorados vintage ochenteros. La peli contiene dos o tres millones de fotogramas de Pe en un primer plano asfixiante y un trajecito y un pelo y un look y un decorado distinto, y cómo no, la viste de Audrey Hepburn, que pronto pasará a ser una de las imágenes más pestuzas y pastosas de la iconografía moderna a base de estar hasta en los dobladillos de los manteles.
De todas formas para mí lo más sorprendente y freudiano de la película y de lo que no he oído mención es que después de tantísimos años en lo más oscuro del armario, la sombra de Arrebato sobrevuele toda la película, ¡en el 2009! No hay que ser muy sagaz para encontrar los paraleslismos, casi el trasunto de la una en la otra, sólo hay que haber visto el fascinante largo de Zulueta. Es sarcástico que Zulueta pariera aquello en el 79 y siga en su madriguera hibernando mientras que Almodóvar se haya convertido en el megadirector hipermediático mundial y encima y depués de tanto y de todo, se marca un carísimo y archipromocional remedo de un Arrebato de top manta. Todo empezó con Pepi, Luci y Bon mirando por encima del hombro lo que rodaba Zulueta un año antes, y todo acaba en eso treinta años después.
Qué crueles la vida y el arte (qué cruel el caballo).
Amiguetes no dejen de verla, Almodóvar se tiene ganao hace mucho la entrada obligada. Amiguitas, no sabréis qué se llevará en las próximas dieciséis temporadas si no veis a Pe.
ARM




