lunes, marzo 30, 2009

LOS ABRAZOS ROTOS - Almodóvar de ikea



Almodóvar es muchas cosas y mucho arte pero si quieres montarte un “almodovar de ikea” el rollo más o menos sería coger seis o siete personajes principales, muy almodovarianos ellos: jueces-streeper, transformistas-taxista-periodista, ediles socialistas vestidos de ciclista, secretarias calentonas con pelo a lo madona, terroristas chiitas, mujeres al borde de un ataque de nervios, sacerdotes heroinómanos con tendencias lésbicas, monagillos que pasan pirulas, charcuteros de día-colegiala de noche y un poco así ( y Chus Lampreave en la portería, of course). Le calzas al tinglao planos pop de diseño vanguardista pa´ aburrir, mucha camisa naranja sobre fondo verde, electrocutas la historia de cada personaje y lo bates bien: el juez que jugaba con muñecas conoce al ciclista que a su vez está loco por el monaguillo al que le acaba de romper el corazón un concejal casado con una macrobiotica que ha perdido los nervios y un chacra por un terrorista chiita, y si acaso, un parapléjico que se los folla a todos. Más o menos. Y la cosa suele funcionar.

Almodóvar es un creador genuino que casi se ha inventado un género con estilo inconfundible. Sin embargo lo suyo no es emocionar con sus historias, se trata más bien de crear un mecano de colores en el que todo es fascinante. Y esta peli tiene todo eso, todo lo necesario para el almodovarismo salvo un par de detalles: a ratos el juguete se atasca estrepitosamente y encalla en la parálisis, el tedio y la falta de sangre como no recuerdo en ninguna otra peli suya, y mucho más trágico, tras una primera amenaza a los pocos minutos de cinta, la cosa cae sucesivamente en varias simas de descalabro total en las que se producen momentos de auténtico ridículo. Esto es algo muy triste en cualquier película por el esfuerzo que supone montar el cristo que es un rodaje y más si es de Pedroooo. Deben de ser muchas cosas, hay chapuceo por palés (los "sutiles" homenajes al cine, el recurso del director ciego, los chavales y las drogas, ¡Alejo Saura!, la revisión de Mujeres al borde..., las "sorpresas del guión", etc, etc) hay actores que al cambiar simplemente de plano, en el segundo siguiente parece que les haya pasado una cosechadora por encima y aparecen histéricos y descontroladísimos, como salidos de un toril (sálvese siempre José Luis Gómez) qué diablos les dirán entre plano y plano, pero lo más grave es que el problema está tan en la base como en el guión, y según yo mismo, es tan chirriante la cosa que no encuentro otra explicación que el progresivo encastillamiento del “genio” y quizás su aislamiento del mortal gentío, de entre los cuales, quizás algún miembro/a hubiera podido leer el guión y comentar un sencillo Pedro, de qué coño vas tío!?

Lo de Pe es otro temita. La Pe me sigue pareciendo la misma cosa absurda delante de una pantalla que siempre, a mí se me hace que es una Marisol que aún no se ha convertido en Pepa Flores, y a estas edades ya no sé si le va a dar tiempo. Vamos que sospecho que Pe es igual a ambos lados de la cámara, la niña muñeca que se parece a cualquier cosa menos a una persona o a un personaje siquiera, es simplemente Pe. En este caso Almodóvar se ha transformado definitivamente en una suerte de niña oronda y excesiva que juega obsesiva con su muñeca Pe y le quita y le pone y la viste de todos los modelitos posibles incluso la mete en su caja de muñecas llamada Mujeres al borde de un ataque de nervios (tiró a la basura su antigua pepona La Maura) y hace que se mueva entre sus saloncitos y cocinitas y decorados vintage ochenteros. La peli contiene dos o tres millones de fotogramas de Pe en un primer plano asfixiante y un trajecito y un pelo y un look y un decorado distinto, y cómo no, la viste de Audrey Hepburn, que pronto pasará a ser una de las imágenes más pestuzas y pastosas de la iconografía moderna a base de estar hasta en los dobladillos de los manteles.

De todas formas para mí lo más sorprendente y freudiano de la película y de lo que no he oído mención es que después de tantísimos años en lo más oscuro del armario, la sombra de Arrebato sobrevuele toda la película, ¡en el 2009! No hay que ser muy sagaz para encontrar los paraleslismos, casi el trasunto de la una en la otra, sólo hay que haber visto el fascinante largo de Zulueta. Es sarcástico que Zulueta pariera aquello en el 79 y siga en su madriguera hibernando mientras que Almodóvar se haya convertido en el megadirector hipermediático mundial y encima y depués de tanto y de todo, se marca un carísimo y archipromocional remedo de un Arrebato de top manta. Todo empezó con Pepi, Luci y Bon mirando por encima del hombro lo que rodaba Zulueta un año antes, y todo acaba en eso treinta años después.

Qué crueles la vida y el arte (qué cruel el caballo).

Amiguetes no dejen de verla, Almodóvar se tiene ganao hace mucho la entrada obligada. Amiguitas, no sabréis qué se llevará en las próximas dieciséis temporadas si no veis a Pe.

ARM


jueves, marzo 19, 2009

GRAN TORINO - Eastwood, ese hombre


Clint Eastwood lleva haciendo de Clint Eastwood más o menos toda la vida. Igual que Schwarzenegger, Charlton Heston o John Wayne con la diferencia fundamental de que Clint no es tonto. De ahí su currículo de director, en el cual no obstante tampoco deja de hacer de Clint.

Digamos que el tipo se aprendió bien su papel hace dos o trescientos años y ha comprendido mejor aún cómo funciona esto del cine o mejor dicho, su cine, el cine de masas y héroe homérico de-toda-la-vida-de-dios que, en general, tiene que matar a los malos y defender a los buenos. Lo suyo ha estado siempre en el vientre de la máquina imperial de fabricar películas con recadito, el cine “pedagógico” del jefe-de-todo-esto, el cine que iguala las tierras vascas y la península de Punt porque en ambos sitios cualquier niño jugará a matar vietnamitas, espías rusos, indios o terroristas chiitas. El arte al servicio del rey, el arte-herramienta que conocemos exactamente desde la primera estela mesopotámica, desde que el mundo es mundo.

Así que el bueno de Clint coge su arsenal casero y utiliza el plomo, el grano gordo y la artillería pesada como fuego amigo, para “educar”, como siempre, salvo que ahora “los amarillos” y los indios no son necesariamente los malos. Y el tipo utiliza ni más ni menos que su propia caricatura, su Harry El Sucio de la última glaciación desempolvado para salir a patear algunos culos más. El tipo calza setenta y ocho primaveras como setenta y ocho soles ¡y se lía mamporrazos! en planos de acción de verdad. Ofrezco ya mi más emocionado voto para la Medalla al Mérito Gerontológico Internacional. Lo suyo es absolutamente increíble, es el yayo más chulazo del barrio.

El caso es que metido en esa harina Gran Torino es una película pequeña, de pocos actores y poco presupuesto (medido en jolibudólares, claro) de una eficacia pasmosa, y de una gracia fresca, juguetona, casi juvenil que hace que todo se deslice con una alegría envidiable por cualquier superproducción palomitera. De hecho, el público diana sigue siendo el mismo de siempre, el de la cosa gruesa, ávido de malos a los que odiar y vengadores a los que no se les mueve el flequillo, pero ahora incorpora además a ese otro público menos complaciente, más lento desenfundando el colt, ese que dice que quiere ver cine. Y hay para todos.

Clint no es Schopenhauer ni Bergman como insinúan algunos deslumbrados admiradores del otoñal pistolero, y Gran Torino sigue siendo una película moralista y maniquea, sin embargo maneja gozosamente unas pocas, sencillas y muy contundentes reflexiones sentimentales sobre la vejez, la exclusión, la violencia y, en fin, cosas de un sheriff con más conchas que un galápago. Y qué coño, que ahora es de los buenos.


ARM

martes, marzo 17, 2009

SLUMDOG MILLONAIRE - El mastodonte


Trainspotting es un auténtico icono de la cultura underground contemporánea y es culpa de Danny Boyle. Ahora acaba de parir un mastodonte rugiente que nos espera al otro lado de Asia, que cada noche devora una humanidad entera y del que no tenemos siquiera noticia. Boyle, evidentemente enamorado del monstruo, lo ha empaquetado para regalo incluyendo sus vísceras más negras en un precioso envoltorio Bollywood, la auténtica religión de la remotísima India.

El impacto de Slumdog Millonaire debía ser proporcional al agravio del ninguneo de Occidente a la mitad grande del mundo, la que cose los calzoncillos que usamos.

Lo ha conseguido.

ARM


martes, marzo 10, 2009

CEREZOS EN FLOR - Bella e irregular

Por lo visto, los patos tienen personalidad bipolar. Son como una montaña rusa, arriba, abajo, o están muy tristes o muy alegres. Algo así ocurre con Cerezos en flor, tiene momentos bellísimos, imágenes que descubren el talento y la sutileza de la directora, pero también momentos en los que parece que la película no avanza y te dan ganas de darle un empujón, como si fuera un viejo coche en el que han fallado los engranajes del motor.

Lo que está claro es que es un película valiente: no es fácil hablar de un tema como la muerte y hacerlo de cara. Se puede hacer con truco, como Isabel Coixet en Mi vida sin mí, o se puede abordar de cara, como Nanni Moretti en La habitación del hijo. Cerezos en flor pertenece a este último caso. La muerte es algo inevitable. Te vas a morir, más vale que lo asumas ya. Sólo hay algo que puede aliviar la muerte de un ser querido. Pero para saber qué es, tendrás que ver Cerezos en flor. No seré yo quien te lo desvele.

A veces, cuando se interioriza por completo que no hay más remedio que acabar criando malvas, se puede decidir vivir la vida a tope. Pero, cuidado, eso no tiene que significar obligatoriamente drogarse y llevar una existencia disoluta maltratando el cuerpo hasta que no aguante más. Puede significar viajar hasta los Pirineos y contemplar el atardecer entre sus montañas. Cada uno vive la vida a su manera. Lo importante es vivirla en libertad y plenitud. Y tú, ¿cómo la vivirías, cómo la vives?

FRANK

PD: Tema de discusión para los que hayan visto la película: ¿qué hace con el dinero?

lunes, marzo 09, 2009

LAS TIERRAS DE ALVARGONZÁLEZ - La fuerza de la palabra


El género es antiquísimo, quizás tanto como el hombre. El narrador que le cuenta a la tribu en torno al fuego de la cueva cómo fue la caza ayer y qué asombrosas tierras atesora el valle vecino, o el aedo homérico que explica a los atenientes, en verso bruñido y eficacísimo, que hubo un tiempo en que todos los griegos se unieron para tomar Troya, y así de pueblo en pueblo los ciegos, los charlatanes y los juglares van haciendo la construcción oral y poética de la memoria colectiva.

El montaje de Las tierras de Alvargonzález en una salita como un hogar de un pueblo castellano es probable que sólo mejorase con unas brasas en el centro (y si acaso un tinto de la tierra). Es simplemente la poesía de Machado, tanto como eso, tan transparente, tan cristalina, tan franca y sin embargo tan sólida y tan definitiva.

Les aseguro que por arte y milagro de Abel Vitón, el narrador (no me da la gana llamarle actor, porque les aseguro que se trata de un paisano, no puede ser de otra manera) el público se queda igual de fascinado que los niños escuchando un cuento, y viaja al corazón de una tierra exactamente tan olvidada, vieja, austera y fascinante como la que cristalizo para siempre Machado.

Se puede hacer un teatro absolutamente maravilloso basado, de verdad, en la fuerza de la palabra y la evocación, con arte de orfebre, sencillez y oficio. Un placer.


Centro Dramático Nacional/Las tierras de Alvargonzález (Palabra en el tiempo)


ARM