jueves, diciembre 31, 2009

Adiós Iván Zulueta





Ha muerto Iván Zulueta,  el hombre que fue vampirizado por su propia película, el artista devorado por su obra, el director que se jugó la vida por el cine, el genio atrapado en un agujero de tiempo de esos que tanto le gustó moldear.  

Es muy difícil encontrar artistas excepcionales y mucho más saberlos congelados en una maldita crisálida de hielo y heroína.

No hemos podido saber cuánto se habría perdido. Sabemos que hemos perdido un genio.

El Arrebato

 
Prensa: 








ARM 


domingo, diciembre 27, 2009

DONDE HABITAN LOS MONSTRUOS - Un largo viaje hasta la cena.


"Donde habitan los monstruos" es, en origen, un libro infantil de M. Sendak publicado en 1962 y que se ha convertido ya en un clásico pero que en su momento fue rompedor por la temática que plantea. No sólo porque Max, el niño protagonista de la aventura, mantenga una relación directa con unos monstruos, seres que hasta entonces sólo servían para asustar, sino porque se ponen sobre la mesa sentimientos como la ira o la soledad desde un punto de vista infantil pero sin obviar su existencia e importancia.



En el cuento, Max se enfada y dice que se va a comer a mamá la cual le castiga y le manda a su cuarto sin cenar. Y ahí nace el viaje de Max, su imaginación le hace llegar en barco a un paraje habitado por unos monstruos a los que consigue convencer de que no se lo coman porque es un mago poderoso convirtiéndose así en su Rey.

En Donde habitan los monstruos, la película, las cosas son diferentes al cuento.

Quizá para hacer una presentación de la realidad de Max y acercarlo así al espectador se le crea una vida que no figura en el cuento, no es que yo sea una experta en Sendak ni nada parecido sin embargo no debe ser complicado mantenerse más o menos fiel a cuarenta páginas.



Los enclaves en los que se ha rodado, Max y los monstruos en sí son perfectos en expresión, en parecido con las ilustraciones, en fin que muy bonico tó pero tiene un fallo tremendo y es la ausencia de ritmo. Por abreviar, no es cuestión de hacer mucha sangre que dicen que es Navidad, sólo decir que la peli dura hora y media y me sobraron sesenta minutos ya que después de contar tres veces las peleas con los monstruos y el cómo nos tiramos bolas de tierra la historia deja de ser lenta para convertirse en infumable. Una pena.

Algo muy comentado a la salida, ¿por qué empeñarse en hacer una película con una historia que no da más que para un corto? No renta. Bien. Y ¿por qué no se rebaja en precio de la entrada y se hacen más sesiones? No sólo lanzaría un mercado muy interesante como es el de los cortos sino que se dejaría de tomar (un poco) el pelo al espectador.

Y, como bien sabe Max, nunca es tarde para tomar la sopa calentita si somos capaces de darmos cuenta de quién nos quiere.

Monstruosos saludos.

BEATRIX KIDDO.

sábado, diciembre 19, 2009

BUSCANDO A ERIC - Y a Laverty

Un hombre de mediana edad se encuentra inmerso en una depresión. Podría ir al psicólogo, darse al alcohol o unirse a una secta religiosa. Pero lo que hace es imaginarse a su ídolo futbolístico, Eric Cantoná, lanzando consejos para agarrar las riendas de su vida. Para que los seguidores del Madrid me entiendan, es como si ellos se imaginaran a Guti asesorándoles sobre qué peinado llevar y qué ropa ponerse en la fiesta del sábado. En fin, del Madrid, del Manchaster o del Osasuna, la esquizofrenia se hace patente. Pero ¿es que no estamos todos a un paso de ese desajuste mental? Hay quien escucha la voz de Dios y hay quien escucha la voz de Cantoná, convertido en un dios. Hasta aquí todo bien.

El problema está en que una buena parte de Buscando a Eric se convierte en una sucesión de refranes (dichos primero en francés, con el consiguiente cabreo del protagonista y de los espectadores que no conocemos ese idioma y que acabamos hasta los huevos de la sabiduría popular del astro del balompié, y, sólo después, traducidos para que todos nos enteremos: aquí sí que se siente empatía con el protagonista). Bueno, y así, refrán tras refrán, el protagonista va enderezando su vida. Claro que a mí me hubiera parecido mucho más interesante (e infinitamente más entrañable) que los consejos se los diera mi abuela. ¡Ella sí que tenía un refrán para cada situación de la vida! Pero, en fin, el fútbol es así, hay que seguir trabajando, no hay enemigo pequeño, la pelota es caprichosa, somos once contra once y el cambio climático no lo detiene ni Maradona.

Otro problema de guión se encuentra en la principal historia secundaria: los problemas con y de los hijastros. Entran demasiado tarde en la estructura de la historia, cuando el espectador está pendiente de la historia principal y ya no espera distracciones. Entra a capón, que dirían por ahí.

Como nos tienen acostumbrados el tándem Laverty-Loach, todos los personajes de la película son increíblemente reales, bien construidos y mejor interpretados (incluido el propio Cantoná haciendo de Cantoná). Hay ciertos momentos de humor que funcionan, pero son excepción. La película se vende como una comedia. Entonces, prefiero los dramas dirigidos por Loach y escritos por Laverty, esos que te hacen salir del cine cagándote en la sociedad (Mi nombre es Joe, imprescindible).

Me consta que algunos espectadores disfrutarán mucho viendo los golazos del francés en pantalla grande. No sé si será suficiente para ellos. Para mí no lo ha sido. Ni siquiera cuando toca la trompeta.

FRANK

PD: Otra opinión muy diferente.

lunes, diciembre 14, 2009

AVATAR. ¿Revolución del cine?

Pues en cierto sentido sí. Aunque sabiendo que James Cameron llevaba esperado 12 años a que la tecnología evolucionase lo suficiente para poder filmarla (parece otro Terminador, ¿verdad?) esperaba yo que mi butaca levitase, que la pantalla echara fuego y casi casi que pudiera tocarle las tetas a la protagonista (creo que me vieron haciendo el gesto). No ha sido para tanto pero creo que esta película sí supone un punto de inflexión en las posibilidades del 3D y en el futuro del cine de acción. Dicen que hay dos cosas que la animación todavía no ha logrado reproducir fielmente: el cabello y la mirada (qué bonito verdad); pues James Cameron ha conseguido que sus bichos de Avatar miren con bastante más gracia que sus actores: Sigourney Weaver y el desconocido Sam Worthington.

Otra cosa es el argumento. Avatar es una auténtica experiencia visual y sensorial, un paseo virtual por un mundo fantástico pero verosímil, no exento de una inocencia y una ingenuidad más propia de los 80. La raza humana ha acabado con las reservas del Planeta Tierra y se dispone a colonizar Pandora, un planeta deslumbrante, poblado por unos aliens indígenas, azules y macizos, que defienden su querida tierra ante el avance del despiadado ejército humano. Hasta aquí puedo leer. Avatar no es una revisión del género, pero introduce algún giro de guión que, cierto es, sí es posible gracias a la técnica actual. No es un show visual al uso, sino que los efectos especiales están en función de la trama y viceversa. Pero Avatar vive de los tópicos del género, con ese trasfondo naif más propio de hace veinte años que de la década que termina, donde se llevan más las ambigüedades (Perdidos, La saga Bourne…). Lo que curiosamente no ha perdido vigencia son las guerras preventivas y el uso de la alta tecnología contra palos y piedras. Así que no está de más que los malos sean marines y que el villano lleve estrellas bordadas en la pechera. Queda dicho.

Avatar no es un nuevo Star Wars, ni de lejos. Eso sí, creo que ha coronado un estilo visual que ya se venía gestando, en parte, gracias a la competencia del DVD y de la piratería, como en su día fue el VHS, y a la conseccuente necesidad de volvera a llenar las salas. Estamos ante una nueva forma de hacer largometrajes en función del 3D, que afecta a todos los aspectos, principalmente a la realización (vuestro primitivo ojo todavía no asimila un montaje muy rápido). Si os gusta la ciencia ficción clásica y no esperáis una catársis colectiva que os suba de nivel, vais a disfrutar como enanos. Os lo aseguro.

Pitu

domingo, diciembre 13, 2009

CELDA 211 - La silla eléctrica


En Celda 211 hay una condena a la silla eléctrica: la del espectador. Supongo que es el sueño húmedo de cualquier director de thriller o de esas cosa adrenérgicas  que enloquecen a los adolescentes chiflados y por consiguiente a los corbatas de Hollywood que van colmatando de ceros sus siderales cuentas bancarias.

 

Lo de Celda 211 es una cuestión de primatología: ningún bípedo puede sentarse delante de esa pantalla sin que le suban las pulsaciones vertiginosamente y se le contraigan todos los músculos del abdomen en cuanto comienza la proyección, como un chimpancé con electrodos, eso es así: 10.000 voltios de la butaca a la pechera.

 

Luis Tosar bla bla… eso ya se sabe, descomunal, lo anecdótico es lo demás (a veces la excepcionalidad es rutina). Ya saben que esta cárcel es  absolutamente creíble y que hay población reclusa que huele a patio, navajeo y contrabando. Hay bastante verdad con muy pocos gazapos (típicamente spanish movie y perfectamente veniales), se agradece tanto...

 

El auténtico protagonista  resulta que no es Tosar sino un chavalín novel que da la cara, se pone gallito y en un triple salto mortal en el que podía haberse dejado hasta el último molar o ser devorado por la contundencia rocosa de Malamadre (Tosar) se sobrepone a su bisoñez, a su atildamiento, a su facha de niño guapo completamente contraindicada para entrar en un motín del trullo: sale indemne, con el nacar en su sitio y resultón, si acaso molesta su inquietante seseo (es argentino) sin que nadie se entretenga en indicar su procedencia, pero valga, mis respetos.

 

Del resto del plantel, del brillantísimo casting que junta caretos de lo más variado y verosímil destaca un capo colombiano del que yo estaba seguro que habían fichado directamente en alguna favela de Cali, ¡por estas!: el pavo (con su dentadura de oro y sus tatuajes) resulta ser Carlos Bardem, el hermanastrísimo. Me quito el cráneo.

 

Lo mejor que le puede pasar a un personaje de guión es que entre en la película siendo una monja carmelita y salga de soldado de fortuna en Vietnam, o sea, que cambie mucho/todo, que se transforme delante de las pasmadas narices de los asistentes hasta resultar irreconocible. Si además del prota, consigues el abracadabra, la transustanciación de almas con el antagonista el personal se engancha a la historia como un oso a un abrigo de velcro. Todo eso pasa en Celda 211, por ello, como saben, está reventando las taquillas, muy a pesar de que no hay indulgencia, ni compasión y de que el espectador paga para sufrir. Es la vida, es la cárcel y eso no es precisamente Bambi.

 

Como casi siempre la película se beneficia de ser retoño de una novela, se respira un aroma de fondo que pretende colocar algún recado, algo social, algo de presos en privación absoluta de movimientos, de luz y de aire, algo de vida y muerte, de poesía dura del chabolo, del talego y de la violencia. Hasta eso contiene este huevo kinder no apto para cardiópatas ni claustrofóbicos. Toda una sorpresa, como la vida.

 

PD: Igual lo grita mejor El Jefe

 

 

ARM



jueves, diciembre 03, 2009

SUMERGIRSE EN EL AGUA - Ve a darte un chapuzón


Sumergirse en el Agua, obra que se representa en la Cuarta Pared hasta el 13 de Diciembre es una pieza en la que se ponen de manifiesto diversos problemas de nuestra sociedad en pequeñas piezas, capítulos, flashes o como lo queramos llamar que conforman un gran puzzle al que, al final de la obra, se enfrenta al espectador.

Poco a poco vemos cómo todo lo que ha ido apareciendo ante nosotros cobra sentido y cómo la original puesta en escena y el trabajo de los actores dan fuerza al texto.

Al igual que con los puzzles, hay que tener un poco de paciencia para quedarse satisfechos con el final, que no defrauda.

Dirección: Gonzala Martín Scherman

Intérpretes: Silvia García de Pé
Amanda Recacha
Victoria Teijeiro
Chendo Fernández Lestao
Ivan Ugalde
Salvador Sanz
Giovanni Mateo


BEATRIX KIDDO