
Luego está el arte tocapelotas, el chinche, el que pone en circulación objetos subversivos, de denuncia del statu quo, de los poderosos, de los que cortan el bacalao. El tipo del espejo del emperador, La Corte de los Milagros o el vómito punk. Resulta casi siempre inocuo en lo fáctico, lo sabe bien gente como Kissinger, por eso no pasa de chinche, de escupitajo a un blindado y es rápidamente fagocitado, digerido y… asimilado por el sistema. El Corte Inglés vende moda punk, Kate Moss y las chicas del PP llevan palestinos cool por Serrano, y nadie, nunca jamás, leerá La Corte de los Milagros.
Sin embargo, además de simpático, entretenido y vivificante, levantarle las faldas al poder sigue resultando higiénico, casi imperativo. En el rarísimo caso ibérico es absolutamente necesario, como el güisqui en un cubata, hacer ya, ayer, cine, música, literatura, teatro, tebeos, politonos, lo que sea, sobre nuestro patio político. Será muy difícil encontrar un escenario tan fértil y propicio: por cutre, zafio, grosero, ridículo, absurdo, delirante y cainita. Esperpéntico en fin.
Maquiavelo decía que nuestro Fernando El Católico era un ejemplo de “nuevo príncipe”, o sea, cínico, agudo, eficaz… maquiavélico. Yo supongo que el autor de El Príncipe no veía la tele o que a Florencia llegaban los periódicos muy caducados. Como sea, de eso aquí ya nada.
A ratos hemos tenido buenos francotiradores, en cine, teatro y literatura. ¿Y ahora que disponemos de unos parlamentos a los que sólo les falta el toldo rojiblanco y los elefantes, qué? Echo terriblemente de menos un In the loop nacional.
Hete aquí una intentona: 19:30
La cosa es, pongamos, un PP/PSOE por dentro, en pleno fárrago “de aparato de partido” (se dice así), en la cocina de las ruedas de prensa de mentidos, desmentidos y supermentidos, de corruptelas, mordidas, untos e indignidades varias, de ellos más, razón de estado y manolo-que-nos-borran… 19.30 resulta una obrita correcta, operativa, esforzada que funciona sin mayores catástrofes: se entiende, hay risas, entretiene, etc, todo lo que le dijeron cuando compró la entrada, señora. Y la gente, sospecho, sale contenta. ¿Qué quieres más, Tomás?
La obra escrita por Patxi Amezcua, si bien pertinente, aseada y bienintencionada ha quedado un tanto cándida, tentativa y previsible. Por mi parte seguiré esperando algo más afilado, más corrosivo, más sutil y menos obvio.
Para entendernos, echo de menos La escopeta nacional, esa cumbre del realismo ibérico (algunos despistados creen que se trata de un esperpento, no ¡por dios!, retrato social aséptico, naturalismo puro y duro).
Y va Berlanga y se nos muere.
Será cabrón…
ARM
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