martes, junio 29, 2010

LONDON RIVER - Actorazos

A veces, estoy acercándome a la entrada del metro y veo a una mujer (casi siempre es una inmigrante) que va a bajar con un carrito de bebé. La gente pasa a su lado, subiendo y bajando, muchos con prisa, y pocos son los que se paran a ayudarle. ¿Tanto cuesta? Algunas, más atrevidas, más cansadas, con menos vergüenza o qué se yo por qué, piden ayuda con educación. La mayoría cargan solas con el carrito sin decir nada. Me pregunto por qué hemos llegado a estos extremos de... no sé, desconfianza (¿es que la gente cree que va a salir corriendo y les va a dejar el carrito y su hijo?) o de ceguera ante algo que ocurre a un palmo de nuestras narices. ¿Cómo hemos llegado a esto? Hasta que ocurre algo que hace abrir los ojos y ver que los que tenemos al lado no son tan raros, no son tan diferentes y que, incluso, son muy parecidos, más, a veces, que los de nuestra propia sangre, que nuestros vecinos de toda la vida, que los de nuestro mismo pueblo.

London River cuenta con dos actuaciones perfectas. Brenda Blethyn lo consigue en todas las películas y ya no sorprende. Esta actriz realiza siempre interpretaciones tan perfectas que parece que ya no hay que valorarlo: la rutina de la perfección. ¡Pero hay que decirlo una vez más! Brenda Blethyn es asombrosa. Es capaz con un gesto de unos pocos segundos transmitir que ha vuelto a fumar después de veinte años. Con un solo gesto de unos pocos segundos en un plano corto. Bueno, esto es una anécdota dentro del completísimo trabajo que hace en toda la película.

Y el coprotagonista se encuentra a la altura. ¡Vaya duelo! Sotigui Kouyaté ganó el Oso de Plata al Mejor Actor en el Festival de Berlín de 2009. Con estos dos actorazos, el espectador se mete en la piel de los protagonistas, en su angustia y algo raro, vivo, comienza a moverse en el estómago. Sus vidas en esas semanas de angustia se entrecruzan y el espectador está en medio de todos esos sentimientos, en medio de esas sutiles miradas de miedo, de temor, de comprensión, de vergüenza, de arrepentimiento, de cariño, de dolor. Una riada de sentimientos entre dos personas que casi no se hablan, pero que, finalmente, se conocen (y se reconocen) el uno al otro.

FRANK

miércoles, junio 23, 2010

TÓRTOLAS, CREPÚSCULO Y... TELÓN - Lo malo de los artistas...


Francisco Nieva es un tío simpático y tiene una recorrido artístico y biográfico más liado que el estriptis de una gitana. Ha dado muchas vueltas por el siglo veinte y siempre por dentro de su teatro, de sus brechts, ionescos y artauds, recibiendo las novedades a porta gayola. Eso es así.

Lo malo de los artistas es cuando son masoquistas (Sabina) y lo malo de las obras irrepresentables es cuando se representan. Tórtolas, crepúsculo y … telón es una obra de 1953 en la que el espectador debería paladear las esencias del teatro del absurdo de Ionnesco, del surrealismo de Artaud, de la potencia esperpéntica de Valle Inclán, de la contestación política de Brecht, de la lírica de las vanguardias en general y de multitud de guiños risueños a Jardiel Poncela y Gómez de la Serna sin embargo, dudo de que algún espectador encuentre algo más que un martirologio de dos horas aderezado con alguna risa amable y esforzada.

Es probable que lo peor sea el montaje de un modelo de teatro avanzado, aunque ya clásico, en un formato arcaico que prescinde de cualquier tecnología del siglo veintiuno y se vale únicamente de la más o menos barroca carpintería del proscenio y de la discutible habilidad de los sastres para cortar unos personajes sin embargo óptimos para una película de Tim Burton (y la cosa es del 53, ojito). Sin la muleta del montaje, con los personajes tan abandonados a sus declamaciones cantarinas y al inevitable histrionismo ibérico, el texto no ofrece músculo más allá de un collage de imágenes y tientos de piruetas circenses que caen mucho más cerca de los mimos del Retiro y del teatro callejero y juvenil de las escuelas de actores guays o más precisamente, de un episodio de la Bola de Cristal con la Bruja Avería de prota.

Donde debería haber poesía, esperpento y metáfora política hay, sobre todo, dos horas.


PD: Por qué se empeña el CDN en estrellar a estrellas “otoñales” como la Espert o en este montaje Esperanza Roy (prota de Dormir y ligar todo es empezar de M. Ozores), actriz con esa encantadora dicción que usaban antes los cómicos y los narradores radiofónicos, que te transporta de inmediato a una peli de 1950 y que podría aportar un magnetismo fabuloso a un largo contemporáneo, pero, ¡obviamente!, no a una obra de teatro en una sala de estas dimensiones donde lo que hace falta por encima de todo es fuelle. ¿Es que esta gente no tiene corazón? Y la Roy y la Espert ¿no tienen familia para que alguien les diga que igual mejor otra cosa. Hay mucho mala sangre…



ARM



martes, junio 22, 2010

LA MUERTE ES LO DE MENOS - Pues estamos apañados

La Muerte es lo de menos, obra de Denise Despeyroux en la que se hace un batiburrillo con temas como la supresión del Limbo por parte del Vaticano y la incertidumbre de lo que pasará con todos aquellos espíritus que deberían haber ido allí sumado a unos personajes con problemas que trasladan desde su vida a la muerte.

El amor, el miedo, la necesidad de ser alguien en el grupo y la angustia existencial se hacen presentes en todas partes.

Original pero mal llevado y con escenas que sobran.

En fin, que sí, que La Muerte debe ser lo de menos porque, aunque tiene algunos puntillos graciosos, la obra en sí me dejó fría.

BEATRIX KIDDO.

SCAR 3D - Bodrio

Joan (Angela Bettis) sufrió, cuando era adolescente, una traumática experiencia a manos de un loco y sangriento asesino. Ella se salvó. Ahora vuelve a su pueblo donde sucedió todo. Allí vive con su hermano Jeff (Christopher Titus) y la hija de éste, Olympia (Kirby Bliss Blanton), y, casualidades de la vida, comienzan a ocurrir nuevas desapariciones.

Olympia termina el instituto y, como buenos yanquis, hacen sus fiestas de adolescentes en grandes casas, beben alcohol y fuman marihuana. ¡Más macarras que Dylan McKay! Y comienza el horror... Todo esto mezclado con los flashbacks que nos cuentan qué le pasó a Joan de jovencita (por cierto, una actriz que no se parece ni en el blanco del ojo a la adulta Joan).

Como todo esto nos suena bastante, el único tirón que le sacan a la peli es que está íntegramente rodada en 3D de alta definición. Pero visualmente tampoco es ninguna maravilla y, desde mi ignorancia, pienso que la fotografía la hubiera hecho mejor mi hámster con dos flexos y una linterna. No sé si el director de esta película, Jed Weintrob, se emocionó demasiado con el 3D y pensó que la sangre y el dolor bastaban para que la gente viera Scar 3D. ¿Para qué me voy a molestar en hacer un guión original o personajes con peso si los espectadores lo van a flipar con la última tecnología?, debió pensar Weintrob.

No puedo ni debo decir más, cuando algo es malo y cojea por todas partes no hay por qué ensañarse. Si se os pasa por la cabeza ver esta película pensad que vais a disfrutar más con cualquier vídeo de un japonés cantando en el YouTube.

JOSEPHINE

jueves, junio 17, 2010

EL SILENCIO DE LORNA - ¿Cuánto vale la vida de un yonqui?

Otra película sobre inmigración. Otra película francesa (y belga, en este caso). Otra película con la realidad social, pero la real, la de verdad, la que te ocurre a ti y a mí, no lo que se puede leer todos los días en las portadas de los periódicos, no, eso es todo mentira, hablo de la realidad que no aparece en los medios de comunicación o, en todo caso, aparece en un breve de sucesos, toda una vida condensada en cinco líneas escritas por un redactor mal pagado (pero encantado de su profesión y supongo que también de esas cinco líneas). Todo lo anterior indica que nos encontramos con un tipo de película de las que ya hemos visto unas cuantas, sobre todo, en los últimos tiempos, y que no nos dirá nada nuevo. Y, sin embargo, algo aporta: conocer la vida de la que podría ser nuestra vecina y de la que no sabemos nada. Quizá deberíamos prestar menos atención a los medios de comunicación y más a la gente de nuestra escalera. Leo titulares que me parecen venidos de otro planeta y, en cambio, El silencio de Lorna parece que me está contando la vida de esa chica que me atiende en una tienda de barrio.

Gente corriente que lucha por sus pequeños sueños, por montar un local de copas con su pareja, por conseguir la nacionalidad y no tener que volver a un país en el que sólo hay guerra y pobreza y miseria, por una vida normal, nada del otro mundo. Y, mientras, la Unión Europea y el FMI discuten dónde incar el diente sin llegar a ahogar completamente a los que les damos de comer. Sólo un poco, sólo un mordisquito, que no se note. Pero, ojo, porque es como una droga: ¿dónde está el límite de ese "sólo un poquito más"? Morirán de sobredosis o de no poder aguantar el síndrome de abstinencia. O asesinados por cualquier camello al que le deben ya demasiada pasta.

FRANK

sábado, junio 12, 2010

IO SONNO L'AMORE - Io sonno tutto




Luca Guadagnino nos presenta en Io sonno l'amore a una familia de la alta burguesía industrial italiana en la que conviven a la perfección un toque victoriano, en sus relaciones y en su contención emocional, con un deje mafiosillo.

Io sonno l'amore es, obviamente, una historia de amor pero no es sólo éso, también es una crítica a la hipocresía, al apetito voraz y desalmado del capitalismo. Io sonno l'amore es también sufrimiento y es belleza.

Las circunstancias en las que se desenvuelven los personajes les dejan crecer y cambiar haciéndolos muy interesantes al espectador. La muerte de "la piedra angular" de la familia y del negocio y a quién o quienes elige como herederos suponen un punto más para ésa evolución.



Una empresa inmersa en la globalización, ligeros problemas de conciencia, y darse cuenta que lo que uno ha vivido es una mentira, unido al hecho, de que la voluntad del clan devora al cada uno de sus miembros y a su humanidad produce una mezcla parecida a un cóctel molotov .



Tilda Swinton es Enma, una madre y esposa que no es nada más porque renunció a sí misma, le cambiaron hasta el nombre cuando decidió casarse y ha vivido adormecida en la comodidad de su cárcel de oro y a la sombra de sus carceleros. Pero en su vida aparece Antonio, alguien que le hace revivir. Empieza a salir del coma inducido mediante su sentido del gusto y la escena del restaurante, en la que Enma se deleita con uno de los platos que él ha preparado para halagarla, es tremendamente sensual y plástica, se pueden oler los langostinos e incluso sentir calor.

Guadagnino disecciona la caída de una familia que tanto esfuerzo había puesto en intentar demostrar su unión ante la verdad de los sentimientos y la voracidad de la ambición capitalista que les impide reconocer a su propia sangre.

Mientras escribo, estoy recordando la escena final, y no puedo evitar que me vuelva a embargar la emoción recordando a Tilda Swinton y a Alba Rohrwacher hablándose con la mirada.


BEATRIX KIDDO