domingo, julio 25, 2010

LA AMÉRICA DE EDWARD HOPPER - Sin cordones


En cierta ocasión participé en un sencillo test de sensibilidad para bestias junto a otros chimpancés. Ellos y yo sólo mostramos señales de aguda emoción frente a cuadros de Edward Hopper con lo que quedó confirmado que ellos eran gente seria, que yo era un animal y que Hopper es un genio.

Y la tal Eva Hibernia ha elegido precisamente su pintura para encarrilar una obra de teatro, idea que me parece desde el principio muy simpática. Lo primero es recrear los celebérrimos ambientes y luces hopperianas: éxito inmediato alcanzado desde la primera escena y con una escenografía sencilla, transportable, barata, cómoda y modular, muy ikea. Bien por la Hibernia y el teatro posibilista (la pasta y el arte con frecuencia viajan en vagones separados).

En la obra sólo participan dos actores (de nuevo la convierte en modular, barata, transportable etc bien ) que representan algunos personajes más y plantea, gracias a dios (o sea a Valle) un teatro auténticamente contemporáneo, es decirse, fragmentario, arborescente, fractal, en el que los tiempos avanzan y retroceden simultáneamente, en el que las cosas ocurren en el presente, en el pasado y en el futuro, en el que los géneros se mezclan y se hibrida el teatro con la poesía, el cuento, el cine y la música. Se trata de una obra en que la reflexión probablemente apunta a la construcción del yo, de la individualidad, del peso de la infancia (Hibernia es argentina “marcándote el camino”, ya sabés), del paso del tiempo, el personal y el histórico, de la evasión y de la reclusión en la realidad o en la imaginación.

Bien por todo ello, sin embargo, no dejaré de reconocer que a la entrada del teatro deberían hacer como en Alcalá Meco donde a los visitantes no les dejan entrar con cordones y objetos cortantes, ya saben, pillé a una octogenaria, vecina de butaca, intentando hacerse con los míos sin duda para acabar con su sufrimiento. Pobre, la cacé a tiempo, yo los necesitaba tanto como ella. El caso es que a mitad de la obra no esperas nada más de la vida y deseas acabar con todo mordiéndote las uñas y devorándote por las falanges, deseas que descarrile el teatro, el planeta y la galaxia para poder bajarte y terminar ya, cuanto antes… querido lector, lo que quiero decir es que a lo mejor la obrita se te hace un punto larga, embrollada, caótica, absurda, llena de incomprensibles tránsitos entre acentos que pretenden ir del porteño al castellano pero que con frecuencia acaban en Cantinflas explicándote un chiste, peceras en las que cae un llave (oh!), guantes semióticos, letras flotantes… digamos que alguien por ahí se ha metido una sobredosis de psicoanálisis y no quiero señalar…

Es así el arte, como la línea: para lucir hay que sufrir, hay que arriesgarse a escribir y montar otro teatro y sobre todo hay que arriesgarse a verlo (osadía notable en ocasiones, siempre sin cordones). Pero que no quepa duda de que existe público y crítica a los que les ha gustado la experiencia completa… y no todos consumen tantas drogas.

ARM

jueves, julio 01, 2010

VILLA AMALIA - La huppert


Uno tiene sus perversiones y el cine francés es la más pérfida, así que voy corriendo a ver Villa Amalia (a pesar de un título tan caribeño) para comprobar que pretende ser un cruce entre Azul de Kieslowski y La pianista de Haneke (ni más ni menos). Para eso Benoit Jocquot se trae directamente a la Isabelle Huppert de protagonista y le hace tres cuartos y medio de la peli. En realidad es un truco bajero, si pones a alguien tan venusiano, con una presencia tan poderosa y anómala como los rinocerontes con flores rosas en las narices de Avatar, respirando y mirando en perpetuo primer plano, te sale una cinta barata e hipnótica. Eso es la Huppert.

Además de la actriz y del francés, Villa Amalia aporta el infalible aliciente de contar una historia de huida, de fuga de la vida de uno/a mismo/a, de la carrera hacia el anonimato, hacia la libertad total, hacia una isla que a su vez ofrece esos planos del mar tan terapéuticos y esas casitas mediterráneas idílicas etc… o sea, que en una ciudad tan incompatible con la biología de los mamíferos como Madrid-en-julio el trailer debería ser garantía de taquillazo.

El dire Jocquot es un tipo con una cara dura antológica porque se ha traído directamente al personaje de La pianista, no se trata de que sea la misma actriz sino de que la Huppert podría pasearse de una cinta a otra sin despeinarse, de ello se agradece la bendita contención de la protagonista y del resto de intérpretes y el resultado balsámico de contemplar actores viviendo, sufriendo, odiando pero deliciosamente contenidos, embridados, serenos, reales… quizás cuando la Península Ibérica en su deriva tectónica esté ya lamiendo las uñas de la estatua de la Libertad y Nigeria esté en el Polo Sur haremos en España una peli con semejante contención dramática, hasta entonces: epilepsias y señoritooo…

Y sin embargo y a pesar de todo (muy especialmente del delicioso montaje), esto no es Azul ni La pianista y por el único y fascinante motivo de que en el seno de ello que llamamos "arte" se agazapa un misterioso mecanismo por virtud del cual asoman los costurones y las cremalleras del cacharro en caso de que no se trate de una obra genuina, sincera, por bien engrasada que esté su mecánica, por eficaz que pueda resultar la impostura planeada por pérfidos técnicos, nunca se parecerá al producto parido desde la boca del estómago, al objeto carnal y placentario alumbrado entre coágulos desde la hipnosis de la mirada de un iluminado como Haneke o de la sensibilidad cósmica de un Kieslowski , le faltará verdad, latido, aliento... como a Villa Amalia.

Debo reconocer que a mitad de la proyección y en tiempos tan oscuros como estos he sufrido una terrible recidiva sociosindical, y tal que un censor soviético al otro lado del telón de acero (otra vez Sabina) me he preguntado “¿dónde está el pueblo? ¿qué es de los currelas? ¿qué tipo de penas burguesas son esas, señora-pianista-de-lujo?” Pues sí amigos, ya se sabe que el cine francés es elitista en lo intelectual y con frecuencia también en lo social y retrata desencantos nihilistas y sutiles de "gente bien" que lo deja todo y se va de restaurantes de tres tenedores completamente deprimidos y derrumbados, a través de media Europa (como en la película)... Cierto, nos encanta, será la canícula y un mal golpe que me he dado en la ducha pero he echado de menos una toma de tierra, un personaje de carne, hueso y ficha de ocho a seis, una caries y una hipoteca… ya digo, ha sido sólo un momento (que para eso ya esta Loach), me repongo y vuelvo a hacerme cargo de los problemas de los sufridos plutócratas en un pispás...


ARM