domingo, noviembre 28, 2010

BIUTIFUL - Quien mucho abarca...

Hay que reconocer el mérito de Iñárritu de abordar el tema de los ilegales, de los "manteros", de los talleres clandestinos de los chinos. Parecía que existía una autocensura en nuestro cine sobre el tema, cuando lo vemos (y los usamos) casi a diario. Sin embargo, el director mexicano ha querido meter muchos otros temas en Biutiful y, ya se sabe, "quien mucho abarca...". Ni siquiera en las dos horas y media de película que dura la película caben tantos temas. Y aún menos si se pierden unos preciosos minutos en mostrar una espectacular persecución de "manteros" por el centro de Barcelona. Pareciera que el bueno de Iñárritu se quería dar el capricho. Innecesario.

Donde se encuentra definitivamente cómodo y sabe sacar todo el jugo dramático es en las secuencias de distancias cortas, ya sea en las más cercanas, esas que se dicen a media voz, en susurros, o en las más tensas que acaban a gritos. Iñárritu es capaz de sacar lo mejor de los actores en este tipo de escenas y seguramente sea eso lo que salva la película. Porque todos los actores cumplen a la perfección con su papel. Sí, señora, no se preocupe, Bardem lo hace muy bien, como no podía ser de otra forma: es un buen actor. Sin embargo, debido a su cuerpo, a su voz, a su cara, no resulta del todo creíble en su personaje: un marginal, seguramente ex yonqui y enfermo terminal. Tiene demasiada presencia física, en otras palabras. Claro que la culpa no es suya.

Supongo que es positivo que Iñárritu haya sabido encarar un proyecto sin su colaborador habitual, el guionista Guillermo Arriaga. Yo, la verdad, ya estaba un poco harto de las historias cruzadas a las que nos tenían acostumbrados (hay que agradecerles, eso sí, la genial Amores perros, pese a la presencia de esa señora a la que no denominaré actriz llamada Goya Toledo). Pero Biutiful tampoco llega a convencer del todo, aunque no se puede negar el valor de algunos momentos interpretativos y la intención de mostrar algunos de los secretos (?) de las grandes ciudades y la economía sumergida. Por otra parte, es, en cierto modo, irresponsable mezclar problemas sociales con poderes sobrenaturales. En definitiva, una película muy pretenciosa. Creo que con algo más de humildad Iñárritu haría un cine excelente.

FRANK

sábado, noviembre 27, 2010

FLAMENCO FLAMENCO - El duende


Asombro es el mínimo efecto esperable en los espectadores corrientes de las salas de cine al ver y oír Flamenco Flamenco de Saura. Es lo mínimo para no iniciados (que aquí decimos aficionados), es decir, espectadores occidentales que van por la M40 cada mañana a encargarse de penosas gestiones de marketing, couching, researching o investing. De ciudadanos contemporáneos que pasan sus tardes de sábado en un mall preñado de outlets para comprarse un ipad, algo para la play y que luego se entregarán al fitness o al chat en su mac.

Para estos individuos, o sea, el grueso de nuestros conciudadanos, ver a María Bala, cantaora de Jeré o a Rosario La Tremendita ejecutando un garrotín, una saeta o un martinete a pelo será algo parecido a lo que sintieron Magallanes y toda la tropa cuando desembarcaron en la Polinesia para presenciar un rito maorí: algo abisal, remoto, tribal, extrañísimo. Pues lo mismo, pero con más arte.

Los niños y los novios salen mejor retratados en el estudio que en el parque, sobre todo si son guapos. Y eso es lo que hace Saura con el flamenco, meterlo en el estudio de fotografía, tan guapo, tan gitano y tan descamisao como es, y ponerlo fino.

Meterle mano a la música en el cine no es fácil (fácil y bonito de mirar es el musical americano) ni siquiera tratándose del flamenco que es dramático y arrebatado. En él ocurren muchas cosas: gesto, voz, cuerpo, ritmo, timbre, la mirada, las manos, los pies… Es lo que pretende retratar Saura y apuesta por la solución del estudio, por intentar radiografiar la magia, ver y oler el cante y la piel de los artistas. Vivisección por cercanía.

Pero Saura lo que quiere de verdad es ser pintor y para eso trabaja siempre con Storaro (el culpable de la luz en Novecento, El último tango en París, El Último Emperador, Apocalypse Now y así) que se dedica, literalmente, a colorear planos de luces rojas de atardecer sobre los rostros y plata de luna a las espaldas, todas eléctricas y siempre en un cuadro.

Esto mismo lo ha hecho Saura ya cincuenta veces con esos otros cantes que El Cigala (que no aparece) llama “del alma”. Y con el flamenco en particular: Sevillanas (1991), Flamenco (1995) e Iberia (2005) y siempre es más o menos lo mismo, con la salvedad de que esta vez mucha gente va a ver la película y que es por fin, la más bella, por la fotografía, por su expresionismo exaltado.

Cabe una objeción urgente. El hábitat natural de el cante jondo y del baile flamenco no puede ser de ninguna manera la vitrina de un estudio fotográfico. Es un arte que sufre si se explanta de su territorio natural de barro, noche y desgarro. El grito del flamenco es una manifestación artística prodigiosa, taumatúrgica, espontánea y mágica aunque también sea cifra y número. El sentimiento, su dolor tan cálido y reconocible en el zapateao y en el quejío es la turba ígnea de un incendio subterráneo y secular, de un pueblo condenado a la migración y a la exclusión desde hace quizás mil años. El milagro de una expresión artística sublime que arrastra un sentido de colectividad, es el ADN de un pueblo sin el que el flamenco no se entiende: los gitanos.

Puede abundarse en una flamencología técnica o expropiar su exotismo para recubrir el cofre de las esencias patrias, como ocurrió en la exultación folclórica franquista (un sarcasmo tratándose de un arte marginal y migrante) o en los chaparrones de caspa carpetovetónica y pantojil. Las perspectivas pueden ser múltiples pero es imposible soslayar la impronta épica y trágica que lleva inscrita en su genética. Un par de musicales imprescindibles se hacen cargo de ello absolutamente: Latcho drom (1993) y Los tarantos (1963).

Se trata exactamente de eso, de ver y oír a indígenas expresándose a través de una forma de arte salvaje, complejo, riquísimo y estanco aún al devenir imparable de los tiempos modernos, de la las ilustraciones y la colonización cultural yanki (que explica tan bien el ínclito Paco Ibáñez).

Si cuando canta El Lebrijano se moja el agua, que decía García Márquez, en esta película cuando canta el Poveda se mean algunos y muchos rompen a aplaudir en la sala y ¡en mitad de la cinta!

Imagínate.


ARM




miércoles, noviembre 24, 2010

BON APPÈTIT - Comida rápida

La historia no es nueva y la manera de hacerla tampoco. El resultado, entretenido pero nada más.

Daniel es un chico español, cocinero de profesión que prueba fortuna en Suiza porque intenta ser el mejor del mundo en lo suyo ya que quiere demostrar a su padre, con el que no tiene relación desde niño, lo que se ha perdido como padre. Empezamos bien [modo ironic ON].



Pero mira tú, que se enamora a primera vista de la chica del jefe y, en un alarde de profesionalidad, le tira el tejado entero. ¡Esta juventud!

Dani no hace ni caso al refranero español inmerso en una historia que encajaría a la perfección si cambiamos en el guión "cocinero" por "estudiante de Erasmus" pero se lleva cocinar historias de amor.

No es muy creíble la manera en la que se desarrollan muchos de los acontecimientos de la trama empezando por el hecho de que nuestro chico es el último mono en la cocina pero le da órdenes a todo el que se cruce por su camino. O que los tres amigos protagonistas lo dejen todo de un día para otro sin dar explicaciones y además conserven sus empleos.


Lo mejor de la película el personaje de Hugo. No me estoy refiriendo al físico (que también) sino al personaje en sí, un amigo como él lo necesitamos todos, alguien con las cosas claras. Otra cosa buena, la banda sonora y el final.

En fin, que ir a ver cine español sin expectativas empieza a ser mi solución particular ante la eterna crisis del sector. Así uno se puede decepcionar pero algo menos.

BEATRIX KIDDO

viernes, noviembre 19, 2010

COPIA CERTIFICADA - Supergafas


Un intelectual te suelta una conferencia (¿pero qué demonio es un intelectual? ¿y qué coño es una conferencia?). Puro cine francés. Vas a ver una peli y te calzan una conferencia, cojonudo. Así empieza la película de Kierostami, que encima, es iraní.

Si uno va de humano, a secas, al cine y ese día se le han olvidado las supergafas de visionado de alto cine francés (mal que sea iraní) saldrá de la sala habiendo visto una película confusa e irritante que no se acaba de entender. Trata de una pareja que en realidad no son pareja pero luego parece que sí y discuten. Discuten mucho.

La actriz es la Binoche, o sea divinidad olímpica como es sabido (véase Tres colores: Azul), podría estar pelando patatas o friendo unos huevos en la pantalla y la entrada quedaría prácticamente justificada, lo que disminuye en parte, la ansiedad y el cabreo por ver una historia sin pies ni cabeza.

Si te pones las supergafas (o/y eres jurado de Cannes o primo de un ídem o aspirante a crítico enterao-de-verdad) entonces todo cambia y lo que estás viendo es una invitación a reflexionar sobre la naturaleza misma del arte y la relación copia-original (¡), tema sobre el que versa la jugosa conferencia del intelectual del comienzo, el cual parece que le ha gustado a la Binoche así que flirtean y durante el largo paseo que dan por la idílica Toscana (dónde si no) y tras una trivial confusión en la que una señora les toma por matrimonio, ellos pasan a comportarse como si lo fueran, ¡y con veinte años de relación encima!, vomitando delante de la cámara todas sus frustraciones y reclamaciones recíprocas de ardua convivencia marital.

El crítico afrancesado detecta inmediatamente una sublime obra de arte que ofrece, obviamente, al torpe público la posibilidad de reflexionar sobre la impostura misma del arte, sobre la validez de esa copia que funciona igual que el original, o sea, ese matrimonio que no lo es pero ahora sí (¿lo pillas?), y funciona igual que si lo fuera y vale lo que ocurra en cada plano porque es muy real, porque cada escena se entiende muy bien por sí sola pero sin las anteriores, como cada nota en la música atonal aunque el conjunto carezca de armonía o el color de un cuadro de Rothko o de Pollock en los que resulta terriblemente ansiogénico buscar una figura, como seguir la linealidad del guión de Copia certificada.

Esto podría calificarse, con mucha precisión, de flatulencia intelectualoide, infatuación artística o ensoberbecimiento esquizoide. Pensar que copia vs original es todo un tema filosófico (especialmente tratado con esta rudeza) y pretender aportar algo al océano/asunto de la pareja imitando quizás a Bergman en su increíble Secretos de un matrimonio, es inocente y sobre todo, fatuo.

Esa lectura es la que yo hago, y me gusta la idea. Me hubiera gustado si no se tratase de un auténtico artificio intelectual, un puzzle, un examen al espectador. Verdadera hermenéutica cinematográfica que no puede ir a ninguna parte porque el cine, por visual, ha de ser, entre otras cosas, directo y porque resultan fallidos desde los temas de reflexión hasta los personajes.

Estoy bastante harto de las historias canónicas y me despreocupo de los personajes y sus peripecias. Me interesa el resto, la magia, la poesía, lo que ocurra como un chispazo en cada plano y en cada palabra. Me gustan las alternativas formales, pero siempre al servicio del disfrute aunque éste sea reflexivo y subjetivo. Por eso no me parece horroroso este tiro al aire de Kierostami (qué bonitos los tiros al aire y los brindis al sol, por dios), aunque perfectamente fallido, vacuo y pretencioso.

Lo que no soporto son las voces previsibles y engoladas que declaran a un artefacto como éste y antes de que empiece, de Obra Maestra.

Si acaso, pero de impostura.


ARM



jueves, noviembre 18, 2010

LA VIDA LOCA - Las maras salvadoreñas

Christian Poveda fue a El Salvador a rodar un documental sobre las maras y acabó con cuatro tiros en la cabeza. Convivió con una de las dos bandas rivales. Con el permiso de la otra. Aún no se sabe quién dio la orden de asesinarle.

La vida loca es el documental que este cineasta nos ha dejado como legado. Por el que murió. En la pantalla se ven jóvenes, algunos casi niños, que muestran sus tatuajes como enseña de la pertenencia a la banda, a la mara. Un grupo que les hace sentir que pertenecen a algo. Una salida donde no hay salida. Un 18 tatuado en la cara, en los brazos, en el pecho, porque ése es el nombre de la mara, la Dieciocho, rival de otra, la Salvatrucha.

Una ONG trata de sacar a estos jóvenes de su sitio, de la calle, de las drogas, de las pistolas, montando una panadería. Ése fue el resquicio por donde se coló Christian Poveda para meter una cámara en todo el meollo. La panadería es la excusa. Para el documental y para estar allí trabajando, o haciendo que se trabaja, pero fuera de las calles. Pero, al final, siempre llegan dos tiros, ¡pum, pum!, y todo vuelve a empezar. Es un eterno retorno. Cuando parece que hay una salida... ¡pum, pum!

Hay funcionarios de justicia que no hablan el mismo lenguaje que los integrantes de las maras, así que están condenados a no entenderse. Hay sacerdotes que les aconsejan que sigan el camino de Dios y no el de la violencia, pero ¡pum, pum!, el poder de Dios no es suficiente para detener esas balas. Hay partos de críos que crecerán y vivirán como sus padres. Porque no hay salida. La última secuencia del documental es un grupo de niños pegando patadas a otro que se encuentra en el suelo. Falsa alarma, sólo era una prueba. La prueba para entrar en el camino que les llevará a la muerte. No hay otro. Lo único real es la certeza de que falta poco tiempo para celebrar otro funeral.

En los funerales, se oye una letanía que parece un rezo, pero es una suerte de himno de la mara, un himno que es un símbolo de pertenencia, como los tatuajes, como la paliza que reciben para ser aceptados en el grupo, como la forma de hablar, como el gesto de la mano, símbolos que significan "la unión hace la fuerza". Sólo que ¡pum, pum!, la vida acaba pronto. Ya.

No se ve una sola pistola en todo el documental (excepto las que porta la policía).

FRANK

Web del documental

Artículos sobre el asesinato:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Christian/Poveda/fue/asesinado/maras/le/tomaron/confidente/elpepuint/20090910elpepuint_16/Tes

http://cronicasperiodisticas.wordpress.com/2009/12/21/%C2%BFquien-mato-a-christian-poveda/

http://www.soitu.es/soitu/2009/09/28/actualidad/1254132613_210313.html

miércoles, noviembre 17, 2010

Muestra de cine palestino en Madrid

Programa completo aquí.

Sedes de la Muestra de Cine Palestino:

-Pequeño Cine Estudio
C/ Calle Magallanes 1, Madrid.
Metro: Quevedo, San Bernardo
Autobuses: 16, 37, 61, 149

-La Boca. Espacio de Cultura
C/ Argumosa, 11, Madrid.
Metro: Lavapiés
Autobuses: C1, C2, M1, 27, 34, 36, 41, 119

-Filmoteca Española (Cine Doré)
C/ Santa Isabel 3, Madrid.
Metro: Antón Martín
Autobuses: 3, 6, 10, 14, 18, 19, 34, 37, 41, 59, 65, 86, 119

-Ateneo de Madrid (salón de actos)
C/ del Prado, 21
Metro: Sevilla, Antón Martín, Sol
Autobuses: 5, 6, 9, 15, 25, 27, 32, 34, 51, 52, 53, 57, 150

MIS TARDES CON MARGUERITTE - No te sentirás engañado

Esta película no engaña. Desde el cartel y desde el título se promete lo que se va a ofrecer. (Esto puede parecer una perogrullada, pero la verdad es que muchos carteles, títulos, trailers, elecciones de actores, ruedas de prensa, estrenos con pasarela de fotografías... están diseñados para engañar.) Mis tardes con Margueritte ofrece lo que promete: una viejita deliciosa y un bruto camionero que se hacen amigos. Mis tardes con Margueritte cumple. Y eso ya es mucho.

Gérard Depardieu está inmenso. Tanto en lo interpretativo como en lo físico. Es un actor que ya no tiene nada que demostrar y parece más preocupado por la buena vida, entendida ésta por disfrutar del buen vino y la buena comida. Y, claro, así se ha puesto. Pero, me van a perdonar los gerifaltes de Hollywood, parece una persona normal, de las que vemos por la calle todos los días, y eso da mucho valor a un personaje real como es este camionero al que la vida le da una oprotunidad y la aprovecha.

Y la señora Gisèle Casadesus no le va a la zaga. Maldita sea, ¡no puedo resistirme al tópico: es un precioso duelo interpretativo! Pero es mucho más. Es una preciosa historia capaz de emocionar al espectador y de provocar más de una risa. (¿Otro tópico?) Todo contado con sencillez y resuelto con agilidad. ¡Que te alegra la vida, vamos!

FRANK

domingo, noviembre 14, 2010

19:30 - La intentona


El poder sigue siendo el mejor compañero de cama del arte, después de tantos siglos de pintores, arquitectos y plumillas de la corte. ¿Qué serían los USA, o sea El Imperio mismo, sin la imagen proyectada por Hollywood? Nada, un nombre vacío (o repleto de ojivas nucleares), sin narración fundacional, sin cara, sin lifestyle, sin sueño americano.

Luego está el arte tocapelotas, el chinche, el que pone en circulación objetos subversivos, de denuncia del statu quo, de los poderosos, de los que cortan el bacalao. El tipo del espejo del emperador, La Corte de los Milagros o el vómito punk. Resulta casi siempre inocuo en lo fáctico, lo sabe bien gente como Kissinger, por eso no pasa de chinche, de escupitajo a un blindado y es rápidamente fagocitado, digerido y… asimilado por el sistema. El Corte Inglés vende moda punk, Kate Moss y las chicas del PP llevan palestinos cool por Serrano, y nadie, nunca jamás, leerá La Corte de los Milagros.

Sin embargo, además de simpático, entretenido y vivificante, levantarle las faldas al poder sigue resultando higiénico, casi imperativo. En el rarísimo caso ibérico es absolutamente necesario, como el güisqui en un cubata, hacer ya, ayer, cine, música, literatura, teatro, tebeos, politonos, lo que sea, sobre nuestro patio político. Será muy difícil encontrar un escenario tan fértil y propicio: por cutre, zafio, grosero, ridículo, absurdo, delirante y cainita. Esperpéntico en fin.

Maquiavelo decía que nuestro Fernando El Católico era un ejemplo de “nuevo príncipe”, o sea, cínico, agudo, eficaz… maquiavélico. Yo supongo que el autor de El Príncipe no veía la tele o que a Florencia llegaban los periódicos muy caducados. Como sea, de eso aquí ya nada.

A ratos hemos tenido buenos francotiradores, en cine, teatro y literatura. ¿Y ahora que disponemos de unos parlamentos a los que sólo les falta el toldo rojiblanco y los elefantes, qué? Echo terriblemente de menos un In the loop nacional.

Hete aquí una intentona: 19:30

La cosa es, pongamos, un PP/PSOE por dentro, en pleno fárrago “de aparato de partido” (se dice así), en la cocina de las ruedas de prensa de mentidos, desmentidos y supermentidos, de corruptelas, mordidas, untos e indignidades varias, de ellos más, razón de estado y manolo-que-nos-borran… 19.30 resulta una obrita correcta, operativa, esforzada que funciona sin mayores catástrofes: se entiende, hay risas, entretiene, etc, todo lo que le dijeron cuando compró la entrada, señora. Y la gente, sospecho, sale contenta. ¿Qué quieres más, Tomás?

La obra escrita por Patxi Amezcua, si bien pertinente, aseada y bienintencionada ha quedado un tanto cándida, tentativa y previsible. Por mi parte seguiré esperando algo más afilado, más corrosivo, más sutil y menos obvio.

Para entendernos, echo de menos La escopeta nacional, esa cumbre del realismo ibérico (algunos despistados creen que se trata de un esperpento, no ¡por dios!, retrato social aséptico, naturalismo puro y duro).

Y va Berlanga y se nos muere.

Será cabrón…


ARM




jueves, noviembre 11, 2010

TUTTO PER GINA. Alegría musical

Algunos psicólogos dicen que más del 50% de lo que comunicamos se transmite a través del lenguaje no verbal, pero después de ver Tutto per Gina estoy convencido de que puede ser algo más, incluso siento que podríamos sobrevivir en un mundo sin palabras, tan solo comunicándonos con muecas y música. Tutto per Gina es una obra de difícil clasificación, supongo que pertenece a la comedia musical, pero quizás se acerque más al teatro de Tricicle con unas gotas de cine mudo americano y algo de homenaje a los musicales de los 50. Tampoco importa mucho. La comedia nos presenta a cuatro hombres que van haciendo frente a las vicisitudes de la vida (al estilo Charlot) por medio de canciones y gestos, siempre acompañados de un cuadro de Gina Lollobrígida, su musa, a la que jamás abandonarán. La obra está centrada en el lucimiento de los cuatro actores que cantan a capela casi cualquier registro y son capaces de imitar bandas sonoras entremezcladas con cada situación. Nuestra memoria musical está desbordante de canciones que asociamos con estados de ánimo –nuestra primera colonia, nuestro primer beso, nuestro primer coito…- y es inevitable no parar de reír, pero es una risa de admiración, de esas que te dejan cara de bobalicón. Y es que el espectáculo ha sabido explotar las posibilidades cómicas de todo ese imaginario.

El músico Santi Ibarretxe es la cabeza pensante de esta compañía llamada Primital Bros, que ya han montado varios espectáculos, aunque puede que a más de uno le ahuyente ese olor a rancio que desprende últimamente la palabra musical. Pero no amigos, esto no es otro espectáculo empalagoso de cantantes chillones en mallas sobre otro grupo en horas bajas de la movida, o un nuevo éxito de Broadway cantado por Camilo Sexto o los grandes temas bailables de Zapato Veloz en la voz de Chayane. No os preocupéis.


La historia de este Tutto per Ginna es claramente un pretexto y lo que importa son la capacidad vocal de estos cuatro actores, un género supongo poco explotado en España porque el repertorio tira de éxitos muy predecibles: James Bond, Mr. Sandman, Beach Boys… quizás si siguen montando espectáculos parecidos se centren más en la historia y le den alguna vuelta de tuerca más. Pero no lo digo con acritud ni vinagrismo, porque yo soy un enamorado de la capela y la practico frecuentemente con mis amigos a la menor ocasión. Tutto per Ginna es un oportunidad para pasar un buen rato y dejase contagiar por la alegría de vivir que da la Música. Sin palabras.


Pitu


http://www.youtube.com/watch?v=sj5Gj4LdFys

domingo, noviembre 07, 2010

EXIT THROUGH THE GIFT SHOP - Pintar algo


Claro, si Bansky quiere hacer un docu lo tiene jodido porque el tío es de lo más secreto, suburbial y underground. Pero tío, si eres Bansky puedes. Esa es la ley.

Exit Through the Gift Shop es un artefacto francamente (que diría Gomaespuma). O sea raro-que-te-cagas. Se trata de una película sobre Bansky que no trata de Bansky sino de una enigmática figura con la cara borrada y la voz transformada (hay que ser muy guay para aparecer así en un docu, no creo que el muchacho tenga problemas de autoestima) que comienza a contarte una historieta pedestre, desgalichada y rodada con unas cámaras de video que podría usar mi abuela. La historia sería un auténtico portento de guión si lo hubiera tenido (primera incógnita). El protagonista es un francés completamente tarado que graba toda su vida en videos caseros y por casualidad comienza a filmar a “artistas callejeros” muy “famosos” ("¡Coño! ¡pero si es el mismísimo “Space Invader!” –exclamo atónito al reconocer al primero–, "¡Leñe! ¡si se trata de “Obey” en persona! –no dejo de entusiasmarmey así) y de ahí por un complejo birlibirloque accede a Bansky, el macho alfa del street art, el cual luego se tendrá que hacer cargo de los videos grabados por el franchute tarado porque no tiene ni pajolera idea de qué hacer con ellos y resulta que en el proceso, el francés padre de familia y tendero en LA, se va transformando en otro artista callejero o pop o nosequé y se hace millonario delante de las narices del espectador. Así de raro.

Primero, en todo este galimatías nadie se aburre ni se desentiende de la cinta un momento. Éxito rotundo.

Segundo, inmediatamente piensas que te la están dando con queso, que es un falso documental. Ahora todos somos modernos de morirse y aunque yo gaste pantalones de tergal y zapatillas de felpa de cuadritos sé muy bien qué es un fake, un viral y un hype (y cosas perores) y la peli huele que mata. Sin embargo parece ser que no, que todo ocurrió así, que es la realidad y la vida, lo dice Internet y lo pone en los periódicos… Me da igual, ¡todo esto es mentira! (que no te estropee la realidad una buena mentira).

Tercero, te ríes y con la maldita gracia de que parezca un accidente, de que los chistecillos y sarcasmos sean accidentales más que espontáneos, de puro idiota. Puede, pero cuando eres muy mayor sabes que nada es un accidente… pese a que estos malditos grafiteros engañan muy bien.

Cuarto, la peli, como el propio street art, termina como empieza, en una perfecta vaciedad, o sea, pura postmodernidad, absoluta y esférica futilidad. Ni siquiera cinismo, impostura, nihilismo o frivolidad, "nada" que es mucho más vacío. Colega, si eres un movimiento alternativo, original, transnacional, artístico, con tirón, guerrillero, revisionista del arte, reivindicativo del espacio público, de resistencia alegal contra lo institucional, etc, di algo, algo… lo que sea: “no hay futuro”, “peace”, “imaginación al poder”, “presupuestos militares pa cervezas en los bares”, “muera Gates viva Mac” o "nadie sin su gorra" yo que sé, pero tío, no pintes mi puerta sin saber por qué, ¿vale?

PD: Bansky es bueno porque currándoselo mucho puede llegar a querer parecerse de perfil, un día, a las tres, durante un minuto a El Roto, vale.

PD2: ¡Qué no pintes mi puerta coño!


ARM