martes, diciembre 28, 2010

TAMBIÉN LA LLUVIA - Quinientos años no son nada (ya lo decía Gardel)

Bravo, por fin una película de corte social (con el estigma que eso supone), que, sin adoctrinar, consigue hacer reflexionar. Reflexionar sobre el mundo, sobre uno mismo, sobre lo que pensamos y decimos frente a lo que hacemos. Pero además, engancha y emociona.

También la lluvia narra tres historias que se funden: la de Costa (Tosar) y Sebastián (García Bernal), que se trasladan a Bolivia con todo su equipo para rodar una película de época; la de la explotación indígena con la llegada de Colón a América; y la de la Guerra del Agua, protestas indígenas acaecidas en Bolivia en el año 2000 mientras se rueda la película. Pero, en realidad, la primera es el medio para relacionar las otras dos en una sola historia, la Historia de siempre: la de la explotación de los más débiles para enriquecer a unos pocos. Porque del nivel más intimo de los protagonistas, viajamos al nivel general de los acontecimientos históricos, y nos recuerda la grandeza de las cosas pequeñas, que muchos pocos hacen un mucho, y que la Historia, al final, la hacen las personas.

La sola presencia de los actores protagonistas ya es motivo suficiente para ver la película (lo reconozco, mi motivación para verla fue Gael, es tan guapo…). Como no podría ser de otra manera, tanto Luis Tosar como Gael están estupendos, sin olvidarnos de Karra Elejalde, ¿¿es que nadie va a dar un papel protagonista a este actorazo?? Incluso el riesgo que supone trabajar con tanto actor no profesional es superado y, a medida que transcurre la historia, casi hasta lo olvidas.

Es ésta una película española (con el estigma que eso también supone) con un buen guión, capaz de hilvanar las tres historias en una. Bien realizada (gracias Icíar, una vez más). Coherente y compacta en su factura, ya que, incluso usando distintas técnicas, grabando cámara al hombro o usando imágenes de archivo, no se pierde el sentido de unidad.

Y prometo que los canapés del pase de prensa no han influido en mi opinión sobre la cinta.

ANDREVA

domingo, diciembre 26, 2010

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ - Demasiado corsé

El salto a la dirección cinematográfica de Jonás Trueba (hijo de Fernando) tiene todas las virtudes y defectos de una ópera prima. Todas las canciones hablan de mí es un retrato generacional a través de un chico cuya ruptura sentimental aún no ha superado tras seis meses de separación. Una película llena de referencias literarias, musicales e innovaciones narrativas (mirada a cámara, desdoblamiento de personajes…) que complementan una historia mil veces narrada (y mil veces más) muy deudora del cine de Woody Allen o Eric Rohmer. Y digo que complementan porque parece que los recursos surgen de una -obvia- necesidad de impresionar con la primera película ante unos ojos tan exigentes, importantes y divergentes como los de su padre y demás parientes. Jonás Trueba (que no ha llegado a los treinta) utiliza estos recursos para complementar una historia que de tan común y familiar cae en ocasiones en el tópico, introduciéndolos sobre todo en la primera parte de la cinta, dejando la segunda algo coja, lo que a mí, que soy un hombre aristotélico de toda la vida, pues me ha dejado un tanto frío. La película tiene buenos momentos y se nota su buena mano como dialoguista, su buena dirección de actores y, lo mejor de todo, su sincero romanticismo, que transmite principalmente con un deambular de los personajes por el Madrid de los Austrias (más cool) que desde Los peores años de nuestra vida (con guión de David Trueba) no veía yo. Los secundarios superan a los protagonistas en esta historia y su utilización sube varios enteros la película, sobre todo –no entiendo por qué no lo utiliza más- sus momentos cómicos. Pero dar un peso tan importante a la pareja protagonista y, sobre todo, a un actor tan plano como Oriol Vila -suponemos que su alter ego- con la misma expresividad que un geranio ha frenado su resultado final, que ni de lejos vamos a comparar –que mala cosa es- con el genial debut de su tío con Ópera prima. Una película demasiado encorsetada por los referentes de su director, donde el estilo está por encima de la historia y donde la propia historia no consigue cautivar por deficiencias en el guión, aunque el resultado global sea aceptable. Veremos si en el futuro consigue desarrollar un cine más consistente que tanto bien haría a los amantes de este género tan afrancesado. Confiemos.

Pitu

CITA

"A veces tengo la impresión de que el mundo del cine terminará con el propio cine".


José Luis Guerín en esta entrevista.

FRANK

viernes, diciembre 24, 2010

NEDS - La letra con sangre entra

A veces, uno se sienta en la sala de cine y tiene la sensación de que, en vez de viendo una película, está asistiendo a la exposición de una tesis doctoral. Y, claro, que me perdone mi amigo Iñigo, pero, por muy interesante que sea la tesis y por muy provechoso que sea para la sociedad el estudio llevado a cabo y la conclusión final, resulta aburridísima. Algo así es lo que hace Peter Mullan: presenta datos (léase "una sucesión de situaciones en la vida del protagonista") terribles, casi diría que objetivos, y desde luego, de un realismo feroz, con imágenes impactantes, pero no consigue enlazarlos para formar una historia con un mínimo interés.

Me confieso abiertamente admirador del señor Peter Mullan. Como actor (no hay que perderse su interpretación en Mi nombre es Joe) y como director (su filme Las hermanas de la Magdalena fue oficialmente prohibido por el Vaticano). No esconde de qué palo va y eso hay que agradecérselo. Así que está claro que ha querido hacer una crítica feroz al sistema educativo que imperaba en Escocia en los setenta, el que le tocó padecer (sospecho que se ha librado de unos cuantos fantasmas con esta película), un sistema educativo que, al decir de Mullan, era injusto, cruel y, en definitiva, una auténtica mierda, como el de ahora y como, me temo, el de dentro de treinta años. Lo único que parece haber cambiado es que ahora son los alumnos los que pueden agredir a los profesores, en una especie de justicia histórica.

Ni siquiera la gran interpretación de todos los actores (incluido Mullan, que se reserva un pequeño pero jugoso papel) salva la película. Pero, eso sí, el realismo (la verdad) que desprenden las caras y la forma de hablar de estos chicos es algo que tendrían que estudiar detenidamente los responsables de cásting y los directores de cine de todo el mundo.

FRANK

martes, diciembre 21, 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA - El circo ibérico mundial

Muy a pesar de la imponente potencia de fuego de la artillería promocional de Balada triste de trompeta se trata sólo/ni más ni menos que de otra película de Álex de la Iglesia.

A estas alturas es un lugar común reconocer que Álex de la Iglesia es un director personalísimo con firma y planetología propia. Sería imposible ver Balada sin reconocer su autoría antes del tercer minuto de bobina. Eso es valioso porque el arte genuino, creativo y original lo es. Otra cosa es que te guste lo de este adolescente varado (de cuarenta y cincuenta tacos no obstante) e hipertrófico que revienta su mundo iconográfico a base de una inagotable serie de criaturas grotescas, hiperplásticas, esperpénticas y típicamente hijas de una estética cómic aderezada con abundante aliño gótico y gore. O sea, lo que le mola a un púber freak enclaustrado en su habitación y aislado del mundo por un cordón sanitario de cine B, manga, palomitas, tebeos (a ser posible X) y ciencia ficción. Eso es Tarantino y eso es Álex con más ternura, descaro y un bendito y perpetuo gesto risueño.

Pero no busques a Bergman en la peli pese a lo equívocas que han llegado a resultar muchas críticas de la arcabucería real, del gran aparato promocional. Está claro que el dire es ahora, entre otras cosas, El Gran Capitán de los tercios cinematográficos patrios y que el juguete ha costado más de la cuenta (lo que no acabo de entender es lo de Boyero, ese hombre enfadado que no sé cuando va de colega, de farol, de tripi o de coña y que ahora le parece Balada la Casablanca del cine nacional).

Para mí gusto El Día de la Bestia es la mejor y más rescatable de las hijas de celuloide de De la Iglesia. Por la frescura, la sinceridad y el thriller pretendido en un Madrid fabulado y maravilloso, entre poblachón manchego de fonda y baúl y New York City ibérico, con sus rascacielos y sus interminables noches de neón y heavy metal. Deliciosa.

Lo demás, aunque todo encantador, se hace, sospecho, más a pulso y con menos trozo del corazón invertido en ello o simplemente, con menos suerte.

Balada triste de trompeta (el título rebosa aspiraciones y fealdad) parte, aparentemente, de un pretendido guiño de madurez en el que habrá que reconocer a las dos españas dándose de hostias a perpetuidad (en el caso de Álex hostias siempre son chaparrones de hostias, sangre, vísceras, crujidos y huesos rotos, of course) y quizás cazar en la metáfora de los payasos psicóticos en persecución constante y delirante la esencia de las entrañas y los dientes negros de esta maldita piel de toro.

No sé, mucho grano para poco pollo me parece.

No obstante y puesto que ya somos mayores, jefes y ricos, la peli debía tener más caballos que ninguna, como las motos, que esta vez tenemos el juguete grande, así que el arranque (firma de la casa) será el más cañero de todas las pelis y cientos de fotogramas a todo gas de salvajada estética, tumbando en la curva durante toda la cinta en intensidad freak, onírica/onánista, surrealista y gore de plastilina, que es lo que nos mola.

A pesar de tanta dinamita se salva mal (si no se salva en absoluto) la distancia entre la pretensión de íntima lectura patria, dolor de corazón, emoción y compunción con los enanos volando, los elefantes, la trapecista y el payaso jodiendo, el hombre bala dándose de hostias en cada secuencia, la charcutería a tope y sobre todo la interminable persecución entre los dos payasos de manicomio, que agota a cualquiera (en eso muy Muertos de risa).

Hay a quien le gusta decir que el cine tiene que entretener, o que conviene (De la Iglesia, Boyero, etc). Lógico, el problema es que a mí Bergman me entretiene muchísimo más que Spilberg y Tarantino juntos. Ellos sin embargo se refieren justo a lo contrario. Es un maldito eufemismo. A pesar de reconocer los bichos tan simpatíquísimos propios de la casa, imprescindibles siempre, Balada triste de trompeta a mí me llega a aburrir y en ningún caso a emocionar (hasta ahí podíamos llegar) y por su puesto, a hacer reír bastantes veces.

Pero le sobra (kilo)metraje, aspiraciones y hagiógrafos.

PD1: Me siguen irritando las chapuzas (en absoluto intencionadas) de arte, secundarios, etc, o sea, oficio/industria sobre todo cuando hay pasta… con eso el cine español sigue desangrándose en espectadores enfurruñaos.

PD2: Antonio de la Torre empieza a ser un actor imprescindible (ya lo sabíamos). Carlos Areces se sale por los cuatro costaos (no lo sabíamos).

PD3: Con todo, lo mejor, de lejos, de Balada triste de trompeta es, sin duda, ver a un tipo que es exactamente Juan Manuel de Prada corriendo en pelotas por el mundo y padeciendo los infinitos y humillantes puteos a los que le somete un profesional absoluto del tema como Alex de la Iglesia. Un sueño húmedo.


ARM


sábado, diciembre 18, 2010

POEMA PARA LOS MUERTOS - UN HOMBRE


A mí me parece que una vida sin el Omega de Morente y Lagartija Nick al alcance de la mano, en la mesilla de noche, en la guantera del coche, no es una vida digna de vivirse.


...

No solloces. Silencio,
que no nos sientan.

F. García Lorca / E. Morente


Enrique Morente - Omega (Poema para los muertos)


Ahora todo es silencio.


ARM



domingo, diciembre 12, 2010

DEGUSTACIÓN DE TITUS ANDRÓNICUS - De todo menos teatro

Titus Andronicus es una tragedia de Shakespeare escrita a finales del siglo XVI. En este principio del siglo XXI las palabras del Bardo (el mejor dramaturgo de la historia con permiso de los del Siglo de Oro y del Valle-Inclán de mi buen amigo ARM) no tienen ningún valor. Lo importante es el espectáculo. Lo importante es colocar frente al público algo que nunca haya visto antes en una sala de teatro. Por ejemplo, un videojuego o un cocinero trabajando en sus fogones. Los más afortunados (entre los que me encontré) son invitados al banquete final y tienen el privilegio de degustar un exquisito plato acompañado de un buen vino de Rioja. Es lo que me salvó la obra. Espero que no fuera carne de ser humano.

Tan preocupada parece La Fura dels Baus por innovar y sorprender que se han olvidado de lo esencial (llamadme antiguo): el texto y la interpretación de los actores. Aunque hay que reconocer, eso sí, que no hay tiempo para el aburrimiento... hay que estar muy atento para averiguar por cuál de las cuatro esquinas salen los actores, para recoger los aperitivos que se van ofreciendo al público y, sobre todo, andar con mil ojos para no ser atropellado por alguno de los aparatos móviles que conducen los actores. En realidad, miento: sí hay tiempo para aburrirse. Preparar tanta parafernalia lleva su tiempo y el ritmo de la obra se resiente. Y, hablando de aparatos móviles, sospecho que no es fácil para un actor meterse en el papel cuando tiene que estar más preocupado por no aplastar un pie a una señora del público. O a un crítico la cabeza.

Con tanto ajetreo, con tanto alimento rondando por encima de mi cabeza, tentándome, con tanto moverme de un lado a otro evitando coches eléctricos que pasaban a mi alrededor mientras sus ocupantes lanzaban bolsas rellenas de arena a las enormes cuatro pantallas, una por cada pared de la sala, con tanto girar la cabeza de un escenario a otro y de éstos a las plataformas móviles que conducían los actores, perdí el hilo de la historia. ¿Por qué se matan? ¿Quién se venga de quién y por qué? ¿Quién es Tito, quién es Saturnino?

La Fura del Baus ha creado un estilo propio. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde 1979. Su fama es merecida. Y buscan, en cada espectáculo, otra vuelta de tuerca más, algo que deje boquiabierto al respetable. Sin embargo, después de tantos años investigando desde la misma perspectiva de trabajo, creando el “lenguaje furero” (sic), el público ya no se puede sorprender. El verdadero reto sería montar una obra en un solo escenario, frente a un público sentado en sus butacas sin distracciones a su alrededor, sin necesidad de decorado, sólo con buenos actores y un mejor texto. ¿Serían capaces?

FRANK