sábado, enero 29, 2011

EL PROYECTO LARAMIE - Docuteatro

Deberían obligar al público a quitarse los zapatos antes de entrar a la sala para ver la función descalzos. Como si fuera una mezquita. (Pero nada que ver con la religión.) Simplemente, por respeto. No por respeto a la obra, ni a la compañía, ni a los actores, ni siquiera al director o al escritor. Por respeto al protagonista de la obra, un protagonista real, que existió pero que no aparece en la obra. No aparece porque está muerto. Es el protagonista omitido, como aquel sujeto omitido en el análisis sintáctico de oraciones que hacíamos en el colegio. Todo gira en torno a un chaval que no aparece y, sin embargo, está presente todo el rato. Su caso lo merece. Fue brutalmente asesinado. Es un caso real. No es ficción. Esto es docuteatro.

El proyecto Laramie se asemeja a esas películas de juicios en las que vamos conociendo la historia del caso por las declaraciones de los diversos personajes que suben al estrado. Que, en este caso, no son personajes, sino personas reales, personas que aún viven en Laramie, Wyoming, personas que conocían a Matthew Shepard, y así, mediante sus relatos, vamos conformando el rompecabezas del caso, un rompecabezas al que inevitablemente le falta alguna pieza, pero que, finalmente, nos permite saber lo que ocurrió y, lo que es más importante, comprender el comportamiento de personas que mantienen un punto de vista radicalmente opuesto al nuestro. Porque, al final, éste es el gran mérito de la obra: hacer que el público comprenda al otro, al que no tiene nada que ver que uno mismo, el reflejo de nuestro propio yo en un espejo distorsionado. Incluso (casi) llegamos a comprender por qué actúan sin zapatos.

El gran acierto del director, Julián Fuentes Reta (habrá que seguir de cerca lo que haga este chico), ha sido poner al servicio del protagonista ausente a todo un elenco de actores con una homogeneidad interpretativa de alto nivel. Ninguno está por encima del resto (ni por debajo) y todos tienen sus pequeños momentos: el director de la orquesta sinfónica de los medios de comunicación, momento visual y sonoramente (¿Beethoven o Mozart?) precioso, el momento en el que un chico cuenta cómo encontró el cadáver, en fin, pequeños momentos de una gran obra. Y más difícil todavía, cada uno de los actores debe meterse en la piel de varios personajes y cambiar de uno a otro en segundos, sin tiempo de adaptación, en un trabajo que sospecho que tiene que ser más esquizofrénico que nunca. Todos pasan la prueba con creces.

El proyecto Laramie te toca la fibra, te remueve por dentro, hace que reacciones ante preguntas que nunca antes te habías hecho. Eso no siempre gusta. Tal vez alguna señora del barrio de Salamanca se levante de su asiento, recoja su abrigo de pieles y abandone la sala. Pero, también es probable que algunas personas piensen "vaya, ése se parece a mi hijo y quizá esté siendo un poco injusto con él". Porque este mundo está muy loco y está mejor visto que un actor interprete el papel de asesino despiadado que el de maricón, faltaría más.

FRANK

miércoles, enero 05, 2011

EL DISCURSO DEL REY. Que me m m m me ha gustao

A pesar del viento gélido que acostumbra a soplar por estas fechas en las carteleras, El discurso del rey es sin duda una de las apuestas más seguras del momento y un agradable reencuentro con el cine comercial de calidad. La película narra los problemas del futuro rey Jorge VI para superar su tartamudez, en una época en que la radio había introducido la segunda exigencia para los monarcas tras años cuya única función era no caerse del caballo. La radio se había convertido en un potente medio de comunicación y los reyes debían dominar el medio (los Borbones nunca lo han superado), así que el pobre Duque de York debe asumir el trono de un país a punto de entrar en guerra con Alemania, después de que su hermano abdicara por una americana divorciada. Geoffrey Rush, un actor con un aspecto muy shakespiriano conseguido con una carrera dedicada al teatro, da vida a un logopeda con unos métodos poco ortodoxos. Duelo interpretativo (que se suele decir) memorable junto a Colin Firth y un dominio de ese humor tan inglés que sabe sacar partido a la confrontación entre un plebeyo y un refinado noble (en v.o, por dios, no quiero ni imaginarme el doblaje del tartamudeo). Evidentemente la película trata de la superación personal (nada nuevo) siendo esa su mayor virtud: no tener más pretensiones que la de un personaje tratando de superar su tartamudez. Como diría la ilustre Cándida “ella trabaja mu bien” (Helena Bonham Carter, por fin no vestida de bruja piruja) y “me ha gustao mucho, así que vayan a vela”.

Pitu