sábado, marzo 26, 2011

WOYZECK - O el drama de los hombres pequeños


El teatro político lo carga el diablo.

Woyzeck es una rareza del teatro del siglo XX porque está escrita muy al principio del XIX. Un avanzado. Büchner es algo así como el padre de los Brecht y compañía que llenaron las trincheras teatrales de la segunda mitad del feo siglo XX europeo.

Pero a veces en lugar de una bala sale del revólver un cartelito que dice “bang”, como en el circo. Woyzeck es una máquina destinada a transformar reconocibles tesis político-filosóficas en metáforas dramáticas, y dicho así, tenía que salir mal. Büchner era muy joven cuando escribió esto e incluso cuando murió, quizás por eso se siente una voluntad huracanada de mover las cosas, la fuerza de una indignación rabiosa, inquieta y lúcida. Se presiente un latido firme en el texto que filtra grandes dosis de poesía “moderna”, eléctrica y mágica.

El empollón de Brüchner propone una crítica al racionalismo hegemónico, soberbio y tiránico que dirigió con férreas tesis lógicas el mundo hasta su debacle definitiva en la Segunda Guerra Mundial, lo que quizás signifique que siempre hay alguien que barrunta las cosas importantes mucho, pero que mucho antes de que ocurran. Son los que ven crecer la hierba.

Bajo las bielas de la gran maquinaria (sobre)viven los hombrecillos aplastados por La Historia, el descontrol y la determinación absoluta de sus vidas: Woyzeck, al que el doctor somete a los rigores de “la ciencia y la razón”, el que replica que “eso no es para nosotros, nosotros siempre seremos pobres”. Una especie de Cándido de Voltaire que no presenta más que derrota, sumisión y, sobre todo, animalidad desbordada: lo más valioso y vanguardista del texto del joven Brüchner.

Sin embargo este “aparato ideológico” al servicio del drama no funciona, se hace uno cargo de las propuestas cabalmente pero no con las entrañas que es a lo que vamos.

El montaje es de un artificio más que presentable, atractivo y contemporáneo en el mejor sentido, dotado de una esencialidad que contrarrestan los tonelajes de dramaturgia, vestuario, iluminación y hasta coreografía. Está eficazmente dirigida manque no acabe de funcionar y quizás, en su contra, lo que más pese al jurado popular es la actuación del muy capaz Javier Gutiérrez/Woyzeck, esforzada hasta la extenuación y creo que, sin embargo, profundamente errada en la dirección. Hace un Woyzeck al gusto de un teatro que no sé si dejaremos de ver alguna vez en España, nieto de la comedia de posguerra pero mal trasplantado al drama en actuaciones afectadísimas de perpetuas modulaciones de la voz que hacen que el público no se pueda meter en serio en la guerrera de semejante histrión ni un minuto.

¿Qué habría sido de un Woyzeck que nos hablara como una persona normal mirando a los ojos del público?

Quizás en el futuro…


ARM



domingo, marzo 13, 2011

EL DISCURSO DEL REY - Alternativas

No acabo de conmoverme ni de meterme en la tragedia de ese pobre rey (¿!) que no sabe leer un discurso (del que le resbala lo que contenga) sin tartamudear en medio de una Europa en guerra total que parece darle exactamente igual.

Tampoco entiendo el Oscar (¿hay que entender los Oscar?) de Colin Firth que me parece un tipo muy aburrido y muy repeinado al que no se le mueve ni un músculo de la cara. Me gustó más Geoffrey Rush sin que te cambie la vida, correcto.

Peliculita, por tanto insondablemente formalita, aseada y estomagantemente conservadora que no tengo ni pajolera idea de por qué ha gustado tanto.

Para rey inglés y tartamudo yo hubiera preferido la historia del colérico Carlos I de Inglaterra, previamente Duque de York como el Jorge VI de la peli, un tipo bilioso y resentido porque tampoco él era el heredero previsto. Enfermizo, feote, enano y tartamudo.

El guay era su hermano pero la espicha. Así que, acomplejado y cabreado a perpetuidad se dedicó a joder desconvocar el Parlamento, inaugurar salvajes impuestos para la plebe (los nobles, recuerden, no pagan), declarar la guerra a España y Francia (acabando con las paces mantenidas por su padre Jacobo VI, un rey enrrollado y campechano…¿les suena?), liarse a guerrear aquí y allá y a inaugurar en definitiva el primer absolutismo tiránico de Europa del siglo XVII. Lo hace tan bien el tío que consigue que alguien inaugure un hacha con la cabeza de un rey de Inglaterra.

Vamos que el personal se enfada y Cromwell y los suyos hacen la primera revolución europea moderna e Inglaterra se convierte en una república: ¡1649!, mucho antes que lo de los franceses. El caso es que el personajazo del rey, tras negarse por tres veces a pedir la súplica con la que hubiera salvado la testa, se marca un discurso del tirón y sin rastro de tartamudez sobre el mismísimo patíbulo para reivindicar su trono, su perona y su soberanía. Le queda un speech tan chulo que se lo publican y vende más que los panfletos liberales de Hobbes y esos revolucionarios. La república dura mientras vive Cromwell, cinco minutos.

No me dirán que no mola mucho más este rey que el de la peli...


ARM


viernes, marzo 04, 2011

LOLA - Lluvia y desazón

Lola significa abuela en tagalo. Y son dos abuelas unidas por un crimen las protagonistas del filme. Lola Sepa ha de enterrar a su nieto, asesinado en un robo. Lola Puring hace lo posible por sacar de la cárcel a su nieto, acusado de asesinato. Ambas son pobres, débiles, enfermas, y dispuestas a todo por sus nietos; necesitan dinero. Pese a la dureza de lo que sufren, sus interpretaciones son contenidas y apenas hay primeros planos. Pero es la lluvia, el viento, la atmósfera gris… reflejos de su angustia interior y de su determinación. Atención a los símbolos; sobre todo, el del agua, que aparece continuamente.

Más allá de la historia es un retrato del papel de los ancianos en la sociedad filipina, del respeto que se les profesa y de lo duro que les resulta desenvolverse en la sociedad. Con cierta estética de documental nos va mostrando la miseria, las dificultades para sobrevivir, la delincuencia, la patética justicia que “funciona” en el país. Y todo ello de un modo hiperrrealista, con pequeños y cotidianos actos.

Se nota el bajo presupuesto en detalles como la cámara sucia, pero teniendo en cuenta la temática es hasta coherente, y lo cierto es que es admirable tanto la intención como el resultado. Y ya quisieran muchas superproducciones tener el contenido y mostrar, tan bien mostrado, lo que Lola.

La trama es lenta y acongojante. Una amiga mía diría: “menudo rollo, ya sufrimos bastante en la vida”. Yo sólo digo que si tienes el ánimo bajo, mejor una comedia ligera.

ANDREVA