viernes, abril 29, 2011

INSIDE JOB - Es la luna, imbécil

La televisión iba a servir para educar al pueblo, pero sirvió únicamente para narcotizarlo. Si el cine de Hollywood utiliza su potencia narrativa al servicio de la pedagogía o la crítica política en lugar del panfletismo imperial les sale Inside Job. Ni más ni menos.

Inside Job es un documental sobre los mecanismos íntimos de la crisis financiera del 2008, la de ahora. Es un docu de alta calidad en lo visual, o sea, hecho en Hollywwod, narrado por Matt Damon y servido como si se tratase de un thriller al uso, con los mejores recursos de imagen posibles, con flashbaks, esquemitas clarísimos para que nadie se pierda y música cardíaca para organizar las emociones. Puro Hollywood documental.

Es ideológico en cuanto que aparecen unos tipos que resultan ser bastante malos, digamos los principales causantes de la crisis, y otros menos malos que denuncian y proponen soluciones. Pero esencialmente, no es ideológico, virtud principal del producto, que simplemente explica lo que creo que se ha convertido en consenso global acerca de las causas del super crash: desregularización del sector financiero de los USA, hipotecas basura, sistemas de calificación corruptos, incentivos astronómicos a los agentes y profunda penetración del sector en la autoridades políticas. O sea, lo normal, el mecanismo habitual del propio sistema.

En el ámbito de lo humano (que otro si no), nada puede ser incomprensible o inexplicable, ni el funcionamiento de un avión, ni una teoría científica, simplemente porque están pergeñados por humanos, de manera que si dicen que la crisis financiera es muy complicada o incomprensible para el gran público simplemente te están levantando la camisa. Puesto que el origen de la crisis es más o menos el tocomocho, una gran pirámide de Ponzi, o sea un timazo, se puede explicar y comprender de maravilla. No creo que sea fácil encontrar voces o explicaciones alternativas o disidentes, salvo de los que han pillado a saco, claro, que te dirán que esta crisis es muy difícil de comprender.

Boyero dice que el docu le acojonó y Santos Juliá que nada nuevo bajo el Sol, el caballero de las barbas, Marx, ya nos dejó apuntado que el poder político y el financiero eran siameses. A Carlos le encantaría haber visto este docu y quizás hubiera pensado que la cosa es más grave de lo que él creía.

De todas formas se trata de un docu yanki, así que el narrador habla como lo haría un niño al que se le ha roto su juguete y busca una avería, un problemilla, un error en su mundo feliz con esa bendita candidez zangolotina de los americanos con gorras de béisbol. Vamos que la palabra capitalismo no aparece, evidentemente nadie se plantea que quizás sea una consecuencia estructural, esencial, imperativa del propio sistema. Nadie grita aquello de ¡es la luna imbécil! Estos chicos no son bolcheviques.

Lo más bonito de ver, han de saberlo, es que los hombres malvados que presenta la peli, villanos malos donde los haya (Bernanke, Summers, Volcker, etc…), son exactamente los que mandan ahora también, con su nuevo empleado, el chiquito este de Hawai que habla tan bien. ¿Cómo se llamaba?...


ARM



domingo, abril 24, 2011

LA RED SOCIAL - El timo de la estampita

Tengo muy oído que La red social "está bien". Lo dice gente con cara de seriedad, intentando transmitir que la película, digamos, no es lo que parece. Incluso le han dado Oscars y eso. Rebusco en internet y me asfixian las sesudas hagiografías del guionista, de los actores, de todo.

Me preocupa ver las cosas tan distintas. Nada de prurito, acojone más bien. Porque yo veo una película fabricada como todas las demás películas para masas de Hollywood, un producto industrial plastificado como todos los demás, como un video musical de Beyoncé, como unas zapatillas Nike, como una Whopper. Te pueden gustar los vídeos de Beyoncé y los Macmenús felices. Es lo normal, en eso consiste que se vendan en todo el planeta. No por elección, eso sí: por imposición. Pero esa es otra película.

La red social es simplemente otro producto idéntico a sí mismo, detrás respira una máquina, no un artista. Se huele a goma quemada.

Entiendo muy bien que mole ver como se hace hipermegamultimillonario un chaval. Esa es precisamente la cosa. De eso se trata exactamente. Eso es lo deseable, en concreto, lo más deseable, lo único deseable. La historia de los chicos listos, las hermandades de Harvard, "la auténtica vida universitaria”, esos chicos tan cool que escriben fórmulas en las ventanas porque las ideas geniales les llueven a chorros entre fiesta y fiesta de la alfakapaguay. Uno se hace rico. Todo me quiere sonar un poco.

El grano gordo de Hollywood cuando hace el de la estampita. El espectador tiene que saber que está ante cosas-de-listos y darse cuenta por sí mismo, los chicos tienen que escribir formulistas de vez en cuando, soltar jerga, como en Expediente X o en Urgencias... pero sobre todo, la secuencia de arranque de la que había oído hablar en términos elogiosos. Dos muchachos parecen hablar tan rápido y agudamente, de puro listo, que no se les entiende. ¡Guau! grita la muchachada. No se les entiende porque es un diálogo absurdo, falso. Hollywood es el cine que en vez de poner un dialogo agudo lo imita, hace un fake de todo, un trampantojo. En lugar de inteligencia que parezca inteligencia, que parezca una hamburguesa de carne de ternera y verduras chorreantes de rocío. Que parezca que no es un héroe, que es humano, que es egocéntrico y complejo, aunque sea un personaje (protagonista encima) más plano que una mesa.

Que sienta el personal que no es el discurso de siempre, de toda la vida de Dios, del hombre hecho a sí mismo, de una vida/una obra, del todo-es-posible-en-América (y sobre todo forrarse), aunque se trate exactamente de eso. Que vean que nos hemos renovado, que estamos a la última aquí en Los Angeles, que parezca que no vendemos un héroe porque Mark Zukerberg parece un tipo gris y traicionero. Por esto salen de la sala muchos diciendo que han visto algo distinto y resulta que nos vuelven a colocar la cocacola, exactamente eso es lo que cuenta, exactamente lo mismo de siempre. Por eso es el de la estampita, porque a Hollywood le gusta que el espectador sienta un cierto comezón de haberse rodeado de inteligencia, de estar a la altura.

Y te vuelves a casa con estampitas. Otra vez.

Si lo guay es la historia, los chicos listos con ordenatas… incluso patriotas y espías, recomendación para la Paramount: ¿que tal una del soldado Manning?

No se parecería tanto al video de Beyoncé.


ARM


MÁS ALLÁ DE LA VIDA - Censored


El gran respeto y admiración que le rinden los administradores de esta página web al autor de Gran Torino, el maestro Mr Clint Eastwood, impide que en la misma se escriba una sola palabra sobre Más allá de la vida (Hereafter).

Recomendamos además su eliminación digital de las memorias electrónicas de la red en aras del respeto artístico hacia su autor.

Los administradores.


ARM



miércoles, abril 06, 2011

LA AVERÍA - Filosofía, tele y pesadillas

Un filósofo metido a dramaturgo es peligroso.

Un soldado extraviado. Una bala perdida. Friedrich Dürrenmatt, el autor, es un espíritu alegre fugado de los tonelajes de Kierkegaard y tatuado en cada centímetro de su espíritu por Aristóteles, Epicuro, Ciceron y así.

Dürrenmatt parió la comedia grotesca, un pariente europeo de nuestro esperpento que, no siendo sinónimo, funciona parecido. Un ingenio feliz que pone la astracanada, lo estrambótico, la deformidad fértil de la caricatura al servicio del arte, del contraste y de la magia teatral.

Dürrenmatt ha dado con la bendita fórmula de violencia creativa en que consiste dislocar la realidad, sacar las cosas de quicio, deformar los contornos de los personajes a placer, distorsionar hasta lo ridículo y extrafalario, con la misma potencia generadora de imágenes del ácido lisérgico (o del delirio febril, por ser más homeopático).

Este magnífico invento funciona en sus manos porque lo usa para ajustarle cuentas al mundo, enfrentar a la vulgaridad soberbia que representa nuestro tiempo en el personaje de un yupi muy contemporáneo y muy real, muy reconocible en lo infatuado, vacuo y seguro de conocer los mecanismos para “triunfar en la vida” y cosas así, contra una escuadra de espectros luminosos, deformados y atravesados por la lucidez y los saberes obsoletos propios de otro tiempo y otro mundo más cercano al del conocimiento antiguo y vetusto de las humanidades, lo que uno de los personajes (el fiscal, la viva imagen de Kant) llama “cultura”.

El invento es cojonudo. Otra cosa es la ejecución.

He de advertir urgentemente y antes de nada que, improbable lector, si vas a ver esta obra seguramente te gustará porque es lo que le pasa a la mayoría del público, que sale sonriente, cansado y feliz. Lo que se dice “un éxito”.

A mí me parece que el montaje es muy propio de la ultimísima moda que arrasa en nuestros escenarios y muy en la onda de su directora Blanca Portillo. La cosa es que por la veta de “lo grotesco” se acaba en un histrionismo histérico y desenfrenado, chillón y descabalgado que impide que el texto respire y rinda los efectos dramáticos de los que sin duda está felizmente preñado.

Los personajes hacen lo que un niño con ganas y falta (notable) de atención, o sea, bailar el michaeljackson (sic.), hacer flexiones (¡) e improvisar numeritos musicales de variado jaez pero en ningún caso pertinentes (además de muy esforzada y diligentemente decir el texto, faltaría más), es decir, exactamente Operación Triunfo + concurso de baile de TV + musical de la Gran Vía. Todo muy reconocible, exactamente lo que impone el estómago de masas y la electrocución televisiva, un gusto que encuentro cada vez más en las tablas y que parece ser un reconocimiento desprejuiciado de los realizadores a lo que “de verdad” les apetece hacer (esterilizando a los autores de pensamiento y respiración profunda) y que me sume en los más oscuros y dramáticos presagios y pesadillas: me despierto sudando porque el teatro ha sido engullido definitivamente por la puta tele.

Oh!


PD: Habrá que hablar un día de los nuevos teatros de Madrid y del lujo que es asistir al Valle Inclán en Lavapies y sobre todo al Matadero en Legazpi y en ningún caso al aborto de Los Teatros del Canal (¿Espe Vs Gallardón?).

PD2: También habrá que decir algo de la moda de los pinganillos: ya casi nadie habla en el teatro sin microfonito, en salas modernas como las del Matadero quizás no exista la acústica necesaria, asunto importantísimo en sus consecuencias artísticas, el caso es que en la obrita a un actor le sonaba la voz como la sala de espera del aeropuerto de Almería y al rato todos habían saturado a base de gritos sus canales acústicos. Hummm.


ARM