
Un amigo me decía que Fellini también es absurdo y delirante. Es verdad, pero el universo que media entre la genialidad y el arte, que es esa sutil capacidad humana de transmitir y compartir emociones, a un elefante entrando en una cacharrería o a los descerebrados de OT desgañitándose delante de un micrófono con peinados que surgen directamente de su tronco encefálico, es infinito.
Si esto fuera literatura no me cabría ni la más mínima duda de que El padrino se la escribió "un negro" a Coppola, supongo que habrá fotos del rodaje y será el orondo italoamericano el que calentaba la silla de “Director”.
Con esta película delante se pueden pensar muchas cosas (a mi abuela le daría tiempo a coserle un juego de 30 pares de orejeras de punto a Dumbo)… en realidad la ficha asegura que sólo dura 127 minutos, sin embargo a mí me parecía razonable encontrar al salir una nevada de Enero o que los dinosaurios hubieran vuelto a tomar lo que fue suyo. Probablemente la obligación de quedarme en la butaca ha sido letal (mi confesor no me permite abandonar los cines precipitadamente, aunque sea en plan casto).
La idea fundamental que se va imponiendo en la cabeza del espectador medio desde los primeros planos es la de fracaso, esa cosa tan aparatosa. Esto es, el director deja claro que el hermano pequeño de Tetro saca una carta manuscrita del bolsillo y la lee con carilla de estreñimiento y se compunge y lloriquea, significa que la carta le emociona y tú te tienes que emocionar; si a Carmen Maura le saltan flashes a la cara es que le hacen fotos, o sea que es una tipa importante; si al prota le saludan por su nombre en un café de Buenos Aires es que es un auténtico canalla. Todo es como de Coco de Barrio Sésamo, pero sin pizca de gracia. Todo es grosero, romo, grueso, tanto que Barrio Sésamo (el español, el de Chema y Espinete) al lado de esto es una cota del arte dramático de nuestro tiempo.
Por si fuera poco, la peli sufre un imparable crescendo catastrófico y estrambótico de manera que llegando al final del metraje (kilometraje) la cosa ya va a ritmo de platillos en el circo y las sucesivas apariciones de Carmen Maura están directamente radicadas en un viaje lisérgico absolutamente incompatible con la salud mental (y no por culpa de la actriz precisamente).
Había leído en algunas críticas que Coppola imitaba a Almodóvar en Tetro. No daba crédito, como no lo dará Almodóvar. El director de El Padrino se ha vuelto un manierista del de Campo de Calatrava y Pepi, Luci, Bom… ver para creer. En efecto, el hombre ha sufrido una especie de obsesión enfebrecida, patosa y reincidente de la que ha hecho una max mix del peor Almodóvar posible, refrito, triturado y mamposteado. Asombroso, no obstante, dentro del conjunto resulta simplemente un detalle morboso.
Si alguien tiene una teoría que explique lo que le ha pasado a este señor, por favor…
PD: ¿Le habrá llegado a Maribel Verdú en su vida algún guión exento de exigencias dramáticas de empelote?
ARM





























