viernes, diciembre 02, 2011

Un gobierno en funciones no puede aprobar la ley Sinde

Hoy verás este texto en decenas de blogs. Si estás de acuerdo con él, reprodúcelo donde consideres oportuno.


Ante la previsible aprobación de la polémica “Ley Sinde”, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando –como hicimos en el Manifiesto de 2 de Diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet. 
En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks.
En todo caso insistimos en estos razonamientos: 
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión. 
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web. 
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional. 
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes. 
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo. 
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir. 
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre. 
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro. 
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

lunes, octubre 17, 2011

ANOTHER YEAR - Lo contrario a Almodóvar

A buen entendedor...

FRANK

sábado, mayo 21, 2011

sábado, mayo 07, 2011

VERANEANTES - El cuadrilátero de la vida

Los veraneantes entran en el cuadrilátero, para dar y recibir, algunos reciben, otros dan, y otros golpean y encajan. Sólo faltan los guantes de boxeo. Es la vida, una lucha. No con puñetazos, claro, o, al menos, sólo excepcionalmente, somos seres civilizados (?), sino con palabras, con mala baba, incluso con buenas intenciones, a veces. Pim, pam, pum, golpes, golpes, y el verano transcurre entre fiestas, siestas, canciones del verano, hastío, cubatas, playa y, al final, tormentas.

Veraneantes me ha recordado en muchos momentos a esas películas de Rohmer en las que un grupo de gente corriente pasa un periodo de tiempo en compañía mutua y parece que no pasa nada, como si el tedio estival detuviera el mundo. Pero no. El alma humana no se puede detener, su actividad prosigue a pesar de los vanos intentos de las personas que tratan de impedirlo, que desean que su alma entre en estado de coma y recurren a las drogas, al alcohol, a la homeopatía, a remedios espirituales, a un continuo entrenamiento durante años, a tomarse todo a broma... No hay escapatoria. El mundo gira, el verano pasa y el alma persiste. No reconocerlo tal vez sea uno de los mayores errores de la humanidad.

Dentro de un elenco de tan alto nivel, Israel Elejalde es capaz de destacar. Impresiona, más bien. El resto, con un par de excepciones (¿para qué señalarlas dentro de un nivel general tan alto?) , ofrecen buenas interpretaciones. También la puesta en escena, la estructura y el ritmo de la obra funcionan. El director, Miguel del Arco, ha hecho un meritorio trabajo.

Pero, ay, al final, la obra se alarga innecesariamente. Después de dos horas en las que se ha sabido explicar, y además perfectamente encajado en la trama argumental, de forma sutil y con momentos de humor, lo que piensa cada personaje, lo que sienten, en fin, sus conflictos internos y externos, se termina con algunos discursos largos, demasiado expositivos y totalmente innecesarios. Se perdonan después de lo disfrutado hasta entonces, pero impiden que Veraneantes sea un montaje redondo.

En todo caso, visto el panorama actual, una obra muy recomendable.

FRANK

Información sobre la obra aquí.

viernes, abril 29, 2011

INSIDE JOB - Es la luna, imbécil

La televisión iba a servir para educar al pueblo, pero sirvió únicamente para narcotizarlo. Si el cine de Hollywood utiliza su potencia narrativa al servicio de la pedagogía o la crítica política en lugar del panfletismo imperial les sale Inside Job. Ni más ni menos.

Inside Job es un documental sobre los mecanismos íntimos de la crisis financiera del 2008, la de ahora. Es un docu de alta calidad en lo visual, o sea, hecho en Hollywwod, narrado por Matt Damon y servido como si se tratase de un thriller al uso, con los mejores recursos de imagen posibles, con flashbaks, esquemitas clarísimos para que nadie se pierda y música cardíaca para organizar las emociones. Puro Hollywood documental.

Es ideológico en cuanto que aparecen unos tipos que resultan ser bastante malos, digamos los principales causantes de la crisis, y otros menos malos que denuncian y proponen soluciones. Pero esencialmente, no es ideológico, virtud principal del producto, que simplemente explica lo que creo que se ha convertido en consenso global acerca de las causas del super crash: desregularización del sector financiero de los USA, hipotecas basura, sistemas de calificación corruptos, incentivos astronómicos a los agentes y profunda penetración del sector en la autoridades políticas. O sea, lo normal, el mecanismo habitual del propio sistema.

En el ámbito de lo humano (que otro si no), nada puede ser incomprensible o inexplicable, ni el funcionamiento de un avión, ni una teoría científica, simplemente porque están pergeñados por humanos, de manera que si dicen que la crisis financiera es muy complicada o incomprensible para el gran público simplemente te están levantando la camisa. Puesto que el origen de la crisis es más o menos el tocomocho, una gran pirámide de Ponzi, o sea un timazo, se puede explicar y comprender de maravilla. No creo que sea fácil encontrar voces o explicaciones alternativas o disidentes, salvo de los que han pillado a saco, claro, que te dirán que esta crisis es muy difícil de comprender.

Boyero dice que el docu le acojonó y Santos Juliá que nada nuevo bajo el Sol, el caballero de las barbas, Marx, ya nos dejó apuntado que el poder político y el financiero eran siameses. A Carlos le encantaría haber visto este docu y quizás hubiera pensado que la cosa es más grave de lo que él creía.

De todas formas se trata de un docu yanki, así que el narrador habla como lo haría un niño al que se le ha roto su juguete y busca una avería, un problemilla, un error en su mundo feliz con esa bendita candidez zangolotina de los americanos con gorras de béisbol. Vamos que la palabra capitalismo no aparece, evidentemente nadie se plantea que quizás sea una consecuencia estructural, esencial, imperativa del propio sistema. Nadie grita aquello de ¡es la luna imbécil! Estos chicos no son bolcheviques.

Lo más bonito de ver, han de saberlo, es que los hombres malvados que presenta la peli, villanos malos donde los haya (Bernanke, Summers, Volcker, etc…), son exactamente los que mandan ahora también, con su nuevo empleado, el chiquito este de Hawai que habla tan bien. ¿Cómo se llamaba?...


ARM



domingo, abril 24, 2011

LA RED SOCIAL - El timo de la estampita

Tengo muy oído que La red social "está bien". Lo dice gente con cara de seriedad, intentando transmitir que la película, digamos, no es lo que parece. Incluso le han dado Oscars y eso. Rebusco en internet y me asfixian las sesudas hagiografías del guionista, de los actores, de todo.

Me preocupa ver las cosas tan distintas. Nada de prurito, acojone más bien. Porque yo veo una película fabricada como todas las demás películas para masas de Hollywood, un producto industrial plastificado como todos los demás, como un video musical de Beyoncé, como unas zapatillas Nike, como una Whopper. Te pueden gustar los vídeos de Beyoncé y los Macmenús felices. Es lo normal, en eso consiste que se vendan en todo el planeta. No por elección, eso sí: por imposición. Pero esa es otra película.

La red social es simplemente otro producto idéntico a sí mismo, detrás respira una máquina, no un artista. Se huele a goma quemada.

Entiendo muy bien que mole ver como se hace hipermegamultimillonario un chaval. Esa es precisamente la cosa. De eso se trata exactamente. Eso es lo deseable, en concreto, lo más deseable, lo único deseable. La historia de los chicos listos, las hermandades de Harvard, "la auténtica vida universitaria”, esos chicos tan cool que escriben fórmulas en las ventanas porque las ideas geniales les llueven a chorros entre fiesta y fiesta de la alfakapaguay. Uno se hace rico. Todo me quiere sonar un poco.

El grano gordo de Hollywood cuando hace el de la estampita. El espectador tiene que saber que está ante cosas-de-listos y darse cuenta por sí mismo, los chicos tienen que escribir formulistas de vez en cuando, soltar jerga, como en Expediente X o en Urgencias... pero sobre todo, la secuencia de arranque de la que había oído hablar en términos elogiosos. Dos muchachos parecen hablar tan rápido y agudamente, de puro listo, que no se les entiende. ¡Guau! grita la muchachada. No se les entiende porque es un diálogo absurdo, falso. Hollywood es el cine que en vez de poner un dialogo agudo lo imita, hace un fake de todo, un trampantojo. En lugar de inteligencia que parezca inteligencia, que parezca una hamburguesa de carne de ternera y verduras chorreantes de rocío. Que parezca que no es un héroe, que es humano, que es egocéntrico y complejo, aunque sea un personaje (protagonista encima) más plano que una mesa.

Que sienta el personal que no es el discurso de siempre, de toda la vida de Dios, del hombre hecho a sí mismo, de una vida/una obra, del todo-es-posible-en-América (y sobre todo forrarse), aunque se trate exactamente de eso. Que vean que nos hemos renovado, que estamos a la última aquí en Los Angeles, que parezca que no vendemos un héroe porque Mark Zukerberg parece un tipo gris y traicionero. Por esto salen de la sala muchos diciendo que han visto algo distinto y resulta que nos vuelven a colocar la cocacola, exactamente eso es lo que cuenta, exactamente lo mismo de siempre. Por eso es el de la estampita, porque a Hollywood le gusta que el espectador sienta un cierto comezón de haberse rodeado de inteligencia, de estar a la altura.

Y te vuelves a casa con estampitas. Otra vez.

Si lo guay es la historia, los chicos listos con ordenatas… incluso patriotas y espías, recomendación para la Paramount: ¿que tal una del soldado Manning?

No se parecería tanto al video de Beyoncé.


ARM


MÁS ALLÁ DE LA VIDA - Censored


El gran respeto y admiración que le rinden los administradores de esta página web al autor de Gran Torino, el maestro Mr Clint Eastwood, impide que en la misma se escriba una sola palabra sobre Más allá de la vida (Hereafter).

Recomendamos además su eliminación digital de las memorias electrónicas de la red en aras del respeto artístico hacia su autor.

Los administradores.


ARM



miércoles, abril 06, 2011

LA AVERÍA - Filosofía, tele y pesadillas

Un filósofo metido a dramaturgo es peligroso.

Un soldado extraviado. Una bala perdida. Friedrich Dürrenmatt, el autor, es un espíritu alegre fugado de los tonelajes de Kierkegaard y tatuado en cada centímetro de su espíritu por Aristóteles, Epicuro, Ciceron y así.

Dürrenmatt parió la comedia grotesca, un pariente europeo de nuestro esperpento que, no siendo sinónimo, funciona parecido. Un ingenio feliz que pone la astracanada, lo estrambótico, la deformidad fértil de la caricatura al servicio del arte, del contraste y de la magia teatral.

Dürrenmatt ha dado con la bendita fórmula de violencia creativa en que consiste dislocar la realidad, sacar las cosas de quicio, deformar los contornos de los personajes a placer, distorsionar hasta lo ridículo y extrafalario, con la misma potencia generadora de imágenes del ácido lisérgico (o del delirio febril, por ser más homeopático).

Este magnífico invento funciona en sus manos porque lo usa para ajustarle cuentas al mundo, enfrentar a la vulgaridad soberbia que representa nuestro tiempo en el personaje de un yupi muy contemporáneo y muy real, muy reconocible en lo infatuado, vacuo y seguro de conocer los mecanismos para “triunfar en la vida” y cosas así, contra una escuadra de espectros luminosos, deformados y atravesados por la lucidez y los saberes obsoletos propios de otro tiempo y otro mundo más cercano al del conocimiento antiguo y vetusto de las humanidades, lo que uno de los personajes (el fiscal, la viva imagen de Kant) llama “cultura”.

El invento es cojonudo. Otra cosa es la ejecución.

He de advertir urgentemente y antes de nada que, improbable lector, si vas a ver esta obra seguramente te gustará porque es lo que le pasa a la mayoría del público, que sale sonriente, cansado y feliz. Lo que se dice “un éxito”.

A mí me parece que el montaje es muy propio de la ultimísima moda que arrasa en nuestros escenarios y muy en la onda de su directora Blanca Portillo. La cosa es que por la veta de “lo grotesco” se acaba en un histrionismo histérico y desenfrenado, chillón y descabalgado que impide que el texto respire y rinda los efectos dramáticos de los que sin duda está felizmente preñado.

Los personajes hacen lo que un niño con ganas y falta (notable) de atención, o sea, bailar el michaeljackson (sic.), hacer flexiones (¡) e improvisar numeritos musicales de variado jaez pero en ningún caso pertinentes (además de muy esforzada y diligentemente decir el texto, faltaría más), es decir, exactamente Operación Triunfo + concurso de baile de TV + musical de la Gran Vía. Todo muy reconocible, exactamente lo que impone el estómago de masas y la electrocución televisiva, un gusto que encuentro cada vez más en las tablas y que parece ser un reconocimiento desprejuiciado de los realizadores a lo que “de verdad” les apetece hacer (esterilizando a los autores de pensamiento y respiración profunda) y que me sume en los más oscuros y dramáticos presagios y pesadillas: me despierto sudando porque el teatro ha sido engullido definitivamente por la puta tele.

Oh!


PD: Habrá que hablar un día de los nuevos teatros de Madrid y del lujo que es asistir al Valle Inclán en Lavapies y sobre todo al Matadero en Legazpi y en ningún caso al aborto de Los Teatros del Canal (¿Espe Vs Gallardón?).

PD2: También habrá que decir algo de la moda de los pinganillos: ya casi nadie habla en el teatro sin microfonito, en salas modernas como las del Matadero quizás no exista la acústica necesaria, asunto importantísimo en sus consecuencias artísticas, el caso es que en la obrita a un actor le sonaba la voz como la sala de espera del aeropuerto de Almería y al rato todos habían saturado a base de gritos sus canales acústicos. Hummm.


ARM



sábado, marzo 26, 2011

WOYZECK - O el drama de los hombres pequeños


El teatro político lo carga el diablo.

Woyzeck es una rareza del teatro del siglo XX porque está escrita muy al principio del XIX. Un avanzado. Büchner es algo así como el padre de los Brecht y compañía que llenaron las trincheras teatrales de la segunda mitad del feo siglo XX europeo.

Pero a veces en lugar de una bala sale del revólver un cartelito que dice “bang”, como en el circo. Woyzeck es una máquina destinada a transformar reconocibles tesis político-filosóficas en metáforas dramáticas, y dicho así, tenía que salir mal. Büchner era muy joven cuando escribió esto e incluso cuando murió, quizás por eso se siente una voluntad huracanada de mover las cosas, la fuerza de una indignación rabiosa, inquieta y lúcida. Se presiente un latido firme en el texto que filtra grandes dosis de poesía “moderna”, eléctrica y mágica.

El empollón de Brüchner propone una crítica al racionalismo hegemónico, soberbio y tiránico que dirigió con férreas tesis lógicas el mundo hasta su debacle definitiva en la Segunda Guerra Mundial, lo que quizás signifique que siempre hay alguien que barrunta las cosas importantes mucho, pero que mucho antes de que ocurran. Son los que ven crecer la hierba.

Bajo las bielas de la gran maquinaria (sobre)viven los hombrecillos aplastados por La Historia, el descontrol y la determinación absoluta de sus vidas: Woyzeck, al que el doctor somete a los rigores de “la ciencia y la razón”, el que replica que “eso no es para nosotros, nosotros siempre seremos pobres”. Una especie de Cándido de Voltaire que no presenta más que derrota, sumisión y, sobre todo, animalidad desbordada: lo más valioso y vanguardista del texto del joven Brüchner.

Sin embargo este “aparato ideológico” al servicio del drama no funciona, se hace uno cargo de las propuestas cabalmente pero no con las entrañas que es a lo que vamos.

El montaje es de un artificio más que presentable, atractivo y contemporáneo en el mejor sentido, dotado de una esencialidad que contrarrestan los tonelajes de dramaturgia, vestuario, iluminación y hasta coreografía. Está eficazmente dirigida manque no acabe de funcionar y quizás, en su contra, lo que más pese al jurado popular es la actuación del muy capaz Javier Gutiérrez/Woyzeck, esforzada hasta la extenuación y creo que, sin embargo, profundamente errada en la dirección. Hace un Woyzeck al gusto de un teatro que no sé si dejaremos de ver alguna vez en España, nieto de la comedia de posguerra pero mal trasplantado al drama en actuaciones afectadísimas de perpetuas modulaciones de la voz que hacen que el público no se pueda meter en serio en la guerrera de semejante histrión ni un minuto.

¿Qué habría sido de un Woyzeck que nos hablara como una persona normal mirando a los ojos del público?

Quizás en el futuro…


ARM



domingo, marzo 13, 2011

EL DISCURSO DEL REY - Alternativas

No acabo de conmoverme ni de meterme en la tragedia de ese pobre rey (¿!) que no sabe leer un discurso (del que le resbala lo que contenga) sin tartamudear en medio de una Europa en guerra total que parece darle exactamente igual.

Tampoco entiendo el Oscar (¿hay que entender los Oscar?) de Colin Firth que me parece un tipo muy aburrido y muy repeinado al que no se le mueve ni un músculo de la cara. Me gustó más Geoffrey Rush sin que te cambie la vida, correcto.

Peliculita, por tanto insondablemente formalita, aseada y estomagantemente conservadora que no tengo ni pajolera idea de por qué ha gustado tanto.

Para rey inglés y tartamudo yo hubiera preferido la historia del colérico Carlos I de Inglaterra, previamente Duque de York como el Jorge VI de la peli, un tipo bilioso y resentido porque tampoco él era el heredero previsto. Enfermizo, feote, enano y tartamudo.

El guay era su hermano pero la espicha. Así que, acomplejado y cabreado a perpetuidad se dedicó a joder desconvocar el Parlamento, inaugurar salvajes impuestos para la plebe (los nobles, recuerden, no pagan), declarar la guerra a España y Francia (acabando con las paces mantenidas por su padre Jacobo VI, un rey enrrollado y campechano…¿les suena?), liarse a guerrear aquí y allá y a inaugurar en definitiva el primer absolutismo tiránico de Europa del siglo XVII. Lo hace tan bien el tío que consigue que alguien inaugure un hacha con la cabeza de un rey de Inglaterra.

Vamos que el personal se enfada y Cromwell y los suyos hacen la primera revolución europea moderna e Inglaterra se convierte en una república: ¡1649!, mucho antes que lo de los franceses. El caso es que el personajazo del rey, tras negarse por tres veces a pedir la súplica con la que hubiera salvado la testa, se marca un discurso del tirón y sin rastro de tartamudez sobre el mismísimo patíbulo para reivindicar su trono, su perona y su soberanía. Le queda un speech tan chulo que se lo publican y vende más que los panfletos liberales de Hobbes y esos revolucionarios. La república dura mientras vive Cromwell, cinco minutos.

No me dirán que no mola mucho más este rey que el de la peli...


ARM


viernes, marzo 04, 2011

LOLA - Lluvia y desazón

Lola significa abuela en tagalo. Y son dos abuelas unidas por un crimen las protagonistas del filme. Lola Sepa ha de enterrar a su nieto, asesinado en un robo. Lola Puring hace lo posible por sacar de la cárcel a su nieto, acusado de asesinato. Ambas son pobres, débiles, enfermas, y dispuestas a todo por sus nietos; necesitan dinero. Pese a la dureza de lo que sufren, sus interpretaciones son contenidas y apenas hay primeros planos. Pero es la lluvia, el viento, la atmósfera gris… reflejos de su angustia interior y de su determinación. Atención a los símbolos; sobre todo, el del agua, que aparece continuamente.

Más allá de la historia es un retrato del papel de los ancianos en la sociedad filipina, del respeto que se les profesa y de lo duro que les resulta desenvolverse en la sociedad. Con cierta estética de documental nos va mostrando la miseria, las dificultades para sobrevivir, la delincuencia, la patética justicia que “funciona” en el país. Y todo ello de un modo hiperrrealista, con pequeños y cotidianos actos.

Se nota el bajo presupuesto en detalles como la cámara sucia, pero teniendo en cuenta la temática es hasta coherente, y lo cierto es que es admirable tanto la intención como el resultado. Y ya quisieran muchas superproducciones tener el contenido y mostrar, tan bien mostrado, lo que Lola.

La trama es lenta y acongojante. Una amiga mía diría: “menudo rollo, ya sufrimos bastante en la vida”. Yo sólo digo que si tienes el ánimo bajo, mejor una comedia ligera.

ANDREVA

lunes, febrero 28, 2011

BLACK SWAN - Aronofsky o cómo ser el más raro de tu clase


De Black Swan no puedo contar mucho sin joder la trama, así que:

1) Mantienes la tensión abdominal desde que empieza hasta el final. Hay a quién le gusta. En todo caso es meritorio y útil, haces pilates viendo cine.

2) Aronofsky sigue a lo suyo, traduce un mundo psico-sensorial (que es lo que le mola) al cinemascope (que ahora se dice HD) como en la imprescindible Réquiem por un sueño etc... Esto siempre es un placer (aunque acojone…)

3) En efecto, Natalie Portman se sale en un papel absoluto o sea primer plano perpetuo en el que da toda la gama de colores, tonos y semitonos del horror a la pasión. Estatuilla y bla bla. Pero a mí quien me ha molado es Vicent Cassel, un actor proteico, expresivo como un libro, que embrida un personaje con una convicción que hace que nadie parpadee cuando da una orden, algo así como la antítesis de Pe en Volver, que ni ella misma llega a saber de qué trata lo suyo…

4) Originalidad (que es lo que significa Aronofsky -el dire- en estonio...creo), eso casi imposible a estas alturas de cine, ¡conseguido en un Lago de los cisnes!, señora, ni más ni menos... ¿No es rarísimo?

Como Aronofsky.


ARM


martes, febrero 22, 2011

VALOR DE LEY. Fábula moderna

Después de compartir la decepción y el desconcierto ante los últimos trabajos de los Coen con muchos de sus incondicionales, me vuelvo a reencontrar con lo mejor de su cine gracias a este western, adaptación de la novela de Charles Portis que ya había se había llevado al cine con John Wayne como protagonista. Con una fidelidad formal por al género que ya es habitual en ellos –cine negro en Muerte entre las flores, thriller en Fargo, etc, etc- este western encaja perfectamente con su habitual mezcla entre humor negro, odisea griega y fábula moderna que han plasmado tan bien en otras películas como O’Brother. Vuelven también a recuperar su particular forma de presentar a personajes estrambóticos de una manera desconcertante, jugando con el espectador y con su forzada risa nerviosa. Y, por supuesto, no faltan sus continuas rupturas con el propio género, introduciendo elementos ajenos o más bien propios de su estilo. Todo esto apoyado por un –otra vez borracho y genial- Jeff Bridges con un acento más difícil de entender que a las vacas texanas. Su figura representa de forma inigualable al cazarrecompensas pendenciero con buen corazón, que en esta ocasión acepta la oferta de una niña, deseosa de vengar la muerte de su padre. Junto a un Matt Demon -el siempre correcto- que tras sus últimos trabajos me ha conseguido ganar, deben encontrar al forajido interpretado por un demasiado caricaturesco Josh Brolin. Uno de los fallos de la película junto a una banda sonora sorprendentemente mediocre y cursi para el nivel al que nos tienen acostumbrado. Desde que Clin Easwood recuperar el género con Sin Perdon, varias películas han dado una vuelta de tuerca al western: El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Apalussa, Pozos de Ambición… ahora Valor de ley añade otra grande a la lista y, aunque mucho más comedida, menos cómica y menos trascendental que sus trabajos anteriores, se encuentra entre las mejores de los brothers.

Pitu

GOLGOTA PICNIC - Lo nuevo


Por fin lo nuevo.

Un crítico austriaco se preguntaba qué aspecto tendría lo nuevo en literatura para reconocer después en Thomas Bernhard a lo nuevo (a mí Bernhard me parece fatal). Muy probablemente Rodrigo García es lo nuevo, el disparo de nieve que esperamos siempre, el oxígeno, vida más allá del super, ni siquiera el futuro, simplemente el presente. Es lo nuevo en el mejor sentido, exactamente el contrario al que consigna al iPhone4 como lo nuevo.

Es inexcusable para el arte como para la filosofía dar cuenta de cada época, del zeitgaist, del espíritu hegeliano del tiempo, de ser consciencia, acaso reflejo, interpretación, siquiera código compartido, descifrado. Nuestro tiempo, como en el que le haya tocado vivir a cualquiera otros, es tan particular, reconocible y original como lo fueron todos los anteriores y sólo estando inmersos en él cuesta reconocerlo, pero nuestra contemporaneidad es tan identificable, original y radical como el tiempo que inauguró la Revolución Francesa. Otra cosa es que tengamos quien nos lo cuente.

En contra de lo que se suele tomar por cierto hay un montón de cabezas poderosas puestas a la tarea de identificar y diseccionar esto que empezamos, ya hace mucho, a llamar postmodernidad. Hace demasiado como para que el teatro y el cine no hayan dado cumplida cuenta, como para que sigamos asistiendo atónitos y narcotizados a las mismas tramas de zarzuelilla, vodevil y opereta con aspiraciones de innovación.

Rodrigo García es un golpe en la mesa. Probablemente más bien un escupitajo. Y en realidad es tan nuevo como Sloterdik (64 años), Bauman (86) o Lipovetsky (67), quiere decirse que este hombre ya tiene muchos tiros en el lomo, pero muy probablemente tengan que ser viejos los novísimos que vengan porque quizás y en contra de las apariencias de jovialidad, fluidez y renovación constante, hayamos encallado en un mundo descaradamente conservador, estancado y reticente a los lenguajes verdaderamente nuevos, a los que aportan contenido, información y no los sms, chat, twitter y el resto de cibernarcolepsia travestida de emanciapación ultramoderna (en dicha “emancipación” y bajo el peso geológico de las marcas y los logos acaba de caer la propiedad intelectual, ese absurdo invento… ¿no?).

Gólgota picnic es un cristo, bastante moderno, en el que un grupito de actores disparan sin piedad un discurso hemorrágico, frontal, afilado, hiperlúcido y disfrazado de sermón bíblico de un posible Ángel Caído, un contrafáctico Jesucristo, un improbable evangelista que no se esfuerzan en convertirse en ningún personaje porque, eso sí que ya ni siquiera es nuevo, sobran las tramas, los personajes, los guiones lineales y mecánicos en los que a alguien le pasa algo y hace que dice que… de todo eso, hace ya mucho (aunque pueda uno ser muy feliz ahí dentr).

En Gólgota no hay arquitectura, ni vanguardia ulratecnificada por más que haya una camarita digital, micros y una pantalla con proyecciones. Sin embargo nada más lejano al complejo andamiaje de, pongamos, La Fura, al servicio siempre de complejas planificaciones industriales, visuales y metadramáticas. Aquí quizás hay metalenguajes pero sobre todo queda sobre el escenario la crudeza de lo expuesto, pulsátil, directo y desnudo, a bocajarro y escupido. Una panda de individuos que parecen más que nada unos colgados de verbena muy pasados de tóxicos, algo así como un descampado afterhours, quizás la secuela de un festival, quizás la secuela de la propia ciudad o de la propia vida en la que la Biblia, si acaso, va encajando como único trazo común los discursos destructores, salvajes, nihilistas de unos personajes que al tiempo pisan sobre un manto de hamburguesas, se travisten con comida, se crucifican con vegetales, se entierran bajo carne cruda, degluten y regurgitan hamburguesas ante un plano gigante que orla el discurso siempre feroz de cualquiera de ellos. Más que arquitectura hay textura y más que trama hay visión.

Todo con espontaneidad, casi sin premeditación, de la manera más sucia, desnuda y directa posible, un gesto decididamente punk anima todo el montaje, voluntad de contundencia, de explicitud, de incordiar, que me habría jodido (como a la tropa de público que va desfilando por el patio de butacas a medida que avanza la representación) de no ser por lo genuino, lo sincero y lo contundente del contenido. Por supuesto, y como no puede ser de otra manera, todo es cuestión de recepción y reconocimiento, ocurre o no, se comparte lenguaje y sentimiento o lo que se lleva uno a casa es a una panda de desquiciados revolcándose en pelotas entre fumigaciones de pintura y hamburguesas (por cierto, una vaciedad posible muy propia de nuestros museos de Arte Contemporáneo).

El gesto violento, rompedor, agitado y turbador culmina en un final en el que, podría haber castigado al público con quince minutos de silencio, o podría haber aterrizado un enorme elefante de goma rosa sobre el escenario o algún actor podría haberse meado (no dudo que ganas le faltaran al autor), pero todo eso sería burdo, vacío, muy antiguo y propio de otra obra y otro lugar. La interpretación final del largo viaje hacia la muerte, real y bíblica, la última rotura consiste en un hombre desnudo, Mario Formenti, que interpreta exquisitamente Las siete últimas palabras de cristo en la cruz de Haydn en un piano de cola, con sus nueve movimientos, uno detrás de otro y casi una hora de duración. Mucho público huye, pero ¡ojo!, huyen ante la desnudez y la contundencia ensimismada de una de las músicas más bellas posibles. Huyen por la imposibilidad de aceptar, de repente, la belleza, de repente a Haydn, un hachazo a la velocidad de la ciudad y a las expectativas. Esa es la ruptura que ha elegido Rodrigo García. Ese es el lenguaje. Esa es la apuesta.

PD: Entre El evangelio según san Juan de El Brujo y esto va más o menos lo mismo que de Paganini a Bisbal o de Steve Mac Queen a Martínez Pujalte, tratando ambas una recreación evangélica y exactamente sobre el mismo escenario, con la misma pasta, la del CDN, que hace a churras y a merinas.

PD2: Seguramente esto será, como siempre, para minorías, puede que la gente de la Gran Vía y los musicales no lleguen nunca a verlo, puede que alguien acuse al autor de elitista, sin embargo, éste hombre nació y se crió en un barrio chabolista. Es puro pueblo.


ARM




lunes, febrero 21, 2011

UN TRANVÍA LLAMADO DESEO - Tenessee

Se cumplen los peores augurios: lo mejor de este montaje es el texto. Ver a Tenessee Williams es ir sobre seguro aunque uno siempre puede temer que nos caiga el cielo sobre la cabeza (Abraracurcix).

Williams es un típico americano espabilado que juega a practicar vivisecciones de derrotados interiores, de biografías arrambladas por el oleaje de la vida. Ilusiones vanas, sueños traicionados y muñecos rotos en el arroyo de la inadaptación. Es el hombre del psicologismo dramático en el teatro americano.

Puede que no sea tu rollo pero ante la excelencia es difícil no rendirse y disfrutar siempre.

Otra cosa es que un montaje no consiga proyectar el texto un metro más allá de su lectura, su única misión. El montaje de Mario Gas es, desgraciadamente, aseadito y formal, o sea aburrido, plano, antiguo, ortodoxo. Vaya, un teatro que Valle-Inclán encontraría rabiosamente arcaico y demodé.

No se preocupen, a pesar de una escenografía vulgar que no sirve para concentrar y amplificar la fuerza dramática y la verdad de esta obra ya clásica, el cielo no caerá hoy sobre nuestras cabezas.

Se lo aseguro.


ARM


jueves, febrero 17, 2011

VALOR DE LEY - Venganza, valor, ley, justicia… un buen wéstern

Remake de la película de 1968 de mismo título, protagonizada por John Wayne, y con un reparto entre los que se encuentran Dennis Hopper y Robert Duvall, ambos largos se basan en la novela de Charles Portis, quien, en 1968, a través del periódico The Saturday Evening Post, la ofreció por entregas a sus lectores.

El padre de Mattie Ross (Hailee Steinfeld) es asesinado. Su ejecutor, Tom Cheney (Josh Brolin) disfruta de total libertad. Y es esta niña de 14 años quien decide darle caza. Contrata a Rooster Cougburn (Jeff Bridges), un alguacil de la zona, de reputación dudosa y trago fácil, para saciar sus ansias de justicia. En su camino, se cruzará con LaBoeuf (Mat Damon), un Ranger de Texas quien también busca al forajido por un asesinato en el sur de Estados Unidos y porque ofrecen una buena recompensa.

La película está muy bien estructurada. Nunca dudas de por qué se encuentran en una pradera india o de por qué se toman unas u otras decisiones. La venganza envuelve y le da sentido a todo.

La dirección y el guión son de Ethan y Joel Coen. En ambos trabajos el resultado es bueno. No está a la misma altura el montaje, también suyo. Entre otras cosas, se exceden en los fundidos y encadenados. Y, por favor, no volváis a utilizar esas retroproyecciones tan descifrables. Voy al cine para que me mientan bien.

Lo que menos me convence del filme es la dirección de fotografía de Roger Deakins en los interiores. La luz es desbordante, excesiva, donde los blancos están muy cerca de estar quemados. En los exteriores, la cosa mejora y, además, se juega con los colores de las acertadas localizaciones, con lo que el resultado difícilmente puede ser malo.

Si algo destaca en este largo son las grades personalidades de los personajes, cosa que produce choques entre ellos, bañados de excelente ironía cómica y ofreciendo un humor sutil y placentero. Grande Jeff Bridges. Y si, además, deciden ponerle una botella de whisky a medio terminar en sus manos, mucho mejor. Ni que decir tiene que a este señor hay que verle en versión original. El tono de su voz en la sala te envuelve, te hace sentir pequeño. Es una voz que aporta una fuerza aplastante.

Hailee Steinfeld, 14 años. No esta nada mal pasar de unos cortitos y de unas series de televisión a rodar para la pantalla grande con los Coen. Personalmente su actuación no me seduce. El personaje es complejo, desbordante de soberbia y seguridad. Tal vez demasiado difícil para una menor. Ya sabes, no ruedes nunca con niños ni animales.

Mat Damon, qué bien te queda ese toque cómico. Interpreta a uno de los personajes que más empatía me ha producido. Creo que ese papel de chico guapo resuelve-todo me vence. Y, al verte sufrir, intentar conseguir algo de lo que tu personaje no está a la altura, me produce simpatía.

En definitiva, Valor de Ley es una película recomendable. El wéstern es un género demasiado quemado, que se ha relegado al olvido por parte de la industria y de los espectadores. Es una buena oportunidad de ver a forajidos al galope entre peculiares paisajes y disfrutar de una buena calidad de imagen.

Madriz

miércoles, febrero 16, 2011

CISNE NEGRO - Pasional

Visceral, pasional. Es lo que primero que me viene a la mente al sentarme a escribir mis impresiones sobre Cisne negro. La película retrata, de manera bastante fiel, las exigencias y sacrificios del "ejército" al que ingresan las bailarinas. La exigencia del director, la de la família... y la propia autoexigencia. La dualidad del ser humano, esos dos lados que todos tenemos y con los que, afortunadamente, la mayoría de las veces, sabemos convivir y somos capaces de dominar.

Cisne negro nos muestra que no todos tenemos esa fuerza, el lado claro y el lado oscuro, tantas veces retratados en el cine, que esta vez se muestra de una manera encantadora, paralizante, aterradora, logrando mezclar belleza y perturbación de una manera sutil... la sutilidad de un ballet clásico. La fotografía y los movimientos de cámara son parte de los logros de la película y responsables de transmitir todos esos sentimientos.

En la película, el director de la compañía, Thomas Leroy, interpretado por Vincent Cassel -que, como siempre, está espectacular en su papel- le pide a Nina, Natalie Portman, que sienta el personaje y, a partir de ese momento, el espectador pasa a sentir y a vivir lo que le ocurre a ella. La madre es otro personaje fielmente retratado y muy bien interpretado por Barbara Hershey. Los actores están todos muy, muy bien, sin excepción.

Natalie Portman se luce en el papel y, a pesar de toda la locura, uno cree en su interpretación e, incluso, entiende y comparte toda la vorágine del personaje, sus miradas, su dulzura y locura son PERFECTAMENTE creíbles e interpretadas por una actriz que estaba hecha para el papel... o el papel hecho para la actriz. Sea como sea, ¡la interpretación es perfecta!

No es la primera vez que Darren Aronofsky hace esto. Ya en Réquiem por un sueño logró, no solamente que viéramos, sino que viviéramos, la película. Y ahora lo ha vuelto a hacer. Pero, esta vez, se ha superado, quizá porque el tema es ahora un poco más ameno. Y así, uno sale tocado del cine, con la extraña sensación de terror, pero, al mismo tiempo, de querer bailar y vivir intensamente.

Y, bueno, lo que tengo que decir es: ¡chapó, Darren, has hecho un excelente trabajo con todos los actores y has logrado brindarnos un Cisne negro visceral!

NOCELONI

viernes, febrero 11, 2011

DE DIOSES Y HOMBRES - Sin pecado concebida

He ido a ver De dioses y hombres por la única motivación del parecido de su foto de portada con El gran silencio (Groening, 2006), mira por dónde. Y dicho equívoco, en absoluto inocente sino intencionado y sibilino para reeditar aquella milagrosa afluencia de público a una película de tres horas y cinco minutos en bendito silencio monacal me ha llevado a constatar que el único parecido entre ambas películas es, en efecto, la casulla de los monjes.

De dioses y hombres es simplemente un documento pastoral, una homilía ejemplarizante de testimonio martirial enfundada en estética y formas de nouvelle vague, para despistar. O sea, eso que nos llevan contando toda la vida y que te cuentan en el cole de curas, que te cuentan en misa y que te cuentan en una mani por la Libertad de Es-pa-ña o por la Libertad de Las Familias (sospecho qué familias son esas). Pues eso.

Unos monjes muy buenos se aprestan a exponerse a ser sacrificados por la violencia islamista en su monasterio del Atlas marroquí (¿!). Dios es un personaje más que como en el deus ex machina que inventaron los griegos (lo inventaron todo por cierto) participa en la trama y endereza las muy humanos flaquezas, temores y dudas de algunos de los frailes a los que se ve invocando a gritos a su patrón en su celda nocturna (momentos de mucho miedo).

Quizás la cúspide del sonrojo y la desvergüenza de este artefacto travestido de cine artístico del que desconozco su oscura motivación (me refiero a la guita, a quién paga todo esto que diría Pla) es cuando los habitantes musulmanes del pueblo les piden ¡a los monjes franceses del Atlas! que no se vayan, que sin ellos no son nada (sic.). Desde las ilustraciones colonialistas inglesas de negritos del siglo XIX no creo que haya ningún documento tan explícito para explicarle al personal por qué tenemos que estar en esos lugares donde los retrasadillos de los indios, los moros y los negros nos necesitan, porque no se valen y porque hay que educarlos (aunque de paso, quizás, recojan té o se encuentren algunos diamantes mientras reptan en una mina, ya sabes…)

Quiero decir que es muy raro todo esto en el 2011 año de cifra ya casi cibernética en el que hay quien se implanta orejas en la espalda por chulear. Y que no me cabe en la cabeza que alguien vea en este panfletillo dominical estrictamente ceñido a las pautas canónicas del documento pastoral algo (lo que sea) de verdad, de sinceridad, de humanidad, de relato verosímil, o sea, de cine, de arte.

La diferencia entre esto y El gran silencio, tratándose ambas de monjes en sendos monasterios, es toda, o sea, el retrato indeciblemente bello (vean una fotografía y otra) del silencio (ni más ni menos) y de una manifestación tan transcultural como el recogimiento, la introspección y puede que el éxtasis. La ensimismación en el suspenso del mundo. El gran silencio es una gozosa experiencia metacinematográfica de la que sales como de un viaje porque has participado de algo tan rompedor y esencial como el silencio, a manos llenas, donde se propone otra vida posible y otro lugar improbable. Una otredad.

Cualquier parecido será un milagro.


ARM

PD: A Muñoz Molina le ha encantado


miércoles, febrero 02, 2011

TAMBIÉN LA LLUVIA - En tiempos tan oscuros


Hay que tenerlos cuadraos para hacer También la lluvia (en este caso, Iciar Bollaín).

Corren tiempos difíciles para lo suyo, eso del cine social, sensiblero, cardíaco e … ¡indigenista! ... hasta ahí podíamos llegar. Sólo falta que a los putos pijoprogres de la ceja y las subvenciones les haya dado por hacerse amiguetes del Gorila Rojo, el indio Evo Morales, que no sabe hablar, que lleva un asqueroso jersey a rayas, que es cutre, que es retrasado, que es ridículo, que es pobre, ¡que es amigo de Chávez!…

Me posee la voz de la actualidad, la tengo dentro de la cabeza, o fuera, pero por todas partes…

Iciar ha sido muy perrilla y deja muy poco hueco para que los señorones que tienen que enfurruñarse viendo la peli y cagarse en los listillos del cine español puedan hacerlo a gusto porque la propia peli ya se encarga de la tarea y deja muy mal a unos posibles listillos “progres” del cine español. Qué perra.

En frío: También la lluvia es una película brillante en lo formal y emocionante en general, se quiera o no (emocionar uno) y muy difícilmente dejará impasible o arrepentido a cualquier contratante de la entrada.

El guión es la obra de orfebrería de un taumaturgo que se cubre la espalda en cada torsión porque cada personaje produce su sombra antagonista y cada gesto su antítesis. El cinismo y la hipocresía de la hipocresía están develados de antemano. La lectura es especular todo el tiempo y los personajes se cruzan simétricamente en sus arcos de transformación (cosa que vuelve locos a los guionistas) con sus respectivos sosias históricos: Cólon es el más hijoputa y el actor que lo interpreta el más humano, Bartolomé de las Casas el héroe en la ficción y su actor el más cobarde, y así. De manual florido. A mí no me gustan los manuales pero si sirven para montar la Novena de Beethoven o El Padrino estoy a favor total. Todo esto será pasto de guionistas y nutrirá las biblias y prontuarios de las escuelas de guión.

Pero sobre todo y aún por encima del mérito obvio de enganchar y hacer disfrutar a cualquier espectador bípedo (o cojo, si se pone, seguro) la película es una contundente vacuna para tiempos tan hostiles y ante espectadores, todos (los de un color y los del otro, se lo aseguro) hiperreactivos al cine social y al maniqueísmo (sólo si los buenos son los desgraciados, si los buenos son guapos/poderosos, quiero decir, nosotros o alguien muy parecido, nos va molando más, y entonces se llama Hollywood…).

Es decirse… sal corriendo a ver esto.

PD: El guión es de Paul Laverty, ya sabes, el pupilo espabilado de Ken Loach que parece que exporta la cosa social a la otra orilla del Atlántico sin despeinarse. Era un encargo para Iñárritu pero acaba en las diestras manos de la Bollaín. Y ahí lo tienes.

PD2: Lo de Tosar es redundante, ni lo miento. Los otros chicos bien, gracias.


ARM


martes, febrero 01, 2011

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS - ¿O todo depende del precio?

Castilla (F. Lupi) es un hombre chapado a la antigua. Santos (P. Echarri), su jefe, un joven que ha venido a levantar la empresa. Entre estas dos polaridades se declara una guerra abierta cuando Santos se entera de que su empleado tiene el número que le falta para completar su colección de revistas antiguas. Pero Castilla no quiere vendérsela porque, según dice, “hay cosas que no tienen precio”. Sin embargo, cuando se suceden las jugarretas, y la cifra ofrecida cada vez es mayor, y su mujer, Sarita (N. Aleandro) le presiona... y, en el fondo, no puede ser tan terrible vender la revista si nadie se entera, y podrían comprar un coche, un barco...

Hay un amigo de Castilla que dice que los principios, como la sociedad y la cultura, son cambiantes, y que, en realidad, no son más que una vía para que nos quieran los demás. Parte de razón tiene, porque en la guerra que libran empleado y jefe, lo importante, no es sólo ganar, sino que además la victoria tiene que ser pública y notoria.

Yo personalmente habría vendido la revista. Si fueran razones más importantes... vale. ¿Pero una revista vieja a cambio de disfrutar del presente? Vale, seguro que me lo gastaba en frivolidades, pero liarla así por una excentricidad... no sé qué es peor. Porque no es cuestión de principios, sino de cabezonería.

Como es una comedia dramática hay situaciones absurdas y los personajes están bastante estereotipados, pero bueno, Norma Aleandro sabe dotar de ternura y gracia al papel un poco tonto y frívolo de Sarita y de Federico Lupi, qué voy a decir, yo me creo cualquier cosa que haga. Pero quien realmente se luce es Pablo Echarri, que compone magistralmente su papel de yuppie sin escrúpulos, que, en el fondo, también tiene su corazoncito.

Supongo que es la enésima vez que se trata la confrontación ética-pragmatismo y no aporta nada nuevo. Pero la película se ve a gusto: para pasar un buen rato sin más pretensiones.

ANDREVA

sábado, enero 29, 2011

EL PROYECTO LARAMIE - Docuteatro

Deberían obligar al público a quitarse los zapatos antes de entrar a la sala para ver la función descalzos. Como si fuera una mezquita. (Pero nada que ver con la religión.) Simplemente, por respeto. No por respeto a la obra, ni a la compañía, ni a los actores, ni siquiera al director o al escritor. Por respeto al protagonista de la obra, un protagonista real, que existió pero que no aparece en la obra. No aparece porque está muerto. Es el protagonista omitido, como aquel sujeto omitido en el análisis sintáctico de oraciones que hacíamos en el colegio. Todo gira en torno a un chaval que no aparece y, sin embargo, está presente todo el rato. Su caso lo merece. Fue brutalmente asesinado. Es un caso real. No es ficción. Esto es docuteatro.

El proyecto Laramie se asemeja a esas películas de juicios en las que vamos conociendo la historia del caso por las declaraciones de los diversos personajes que suben al estrado. Que, en este caso, no son personajes, sino personas reales, personas que aún viven en Laramie, Wyoming, personas que conocían a Matthew Shepard, y así, mediante sus relatos, vamos conformando el rompecabezas del caso, un rompecabezas al que inevitablemente le falta alguna pieza, pero que, finalmente, nos permite saber lo que ocurrió y, lo que es más importante, comprender el comportamiento de personas que mantienen un punto de vista radicalmente opuesto al nuestro. Porque, al final, éste es el gran mérito de la obra: hacer que el público comprenda al otro, al que no tiene nada que ver que uno mismo, el reflejo de nuestro propio yo en un espejo distorsionado. Incluso (casi) llegamos a comprender por qué actúan sin zapatos.

El gran acierto del director, Julián Fuentes Reta (habrá que seguir de cerca lo que haga este chico), ha sido poner al servicio del protagonista ausente a todo un elenco de actores con una homogeneidad interpretativa de alto nivel. Ninguno está por encima del resto (ni por debajo) y todos tienen sus pequeños momentos: el director de la orquesta sinfónica de los medios de comunicación, momento visual y sonoramente (¿Beethoven o Mozart?) precioso, el momento en el que un chico cuenta cómo encontró el cadáver, en fin, pequeños momentos de una gran obra. Y más difícil todavía, cada uno de los actores debe meterse en la piel de varios personajes y cambiar de uno a otro en segundos, sin tiempo de adaptación, en un trabajo que sospecho que tiene que ser más esquizofrénico que nunca. Todos pasan la prueba con creces.

El proyecto Laramie te toca la fibra, te remueve por dentro, hace que reacciones ante preguntas que nunca antes te habías hecho. Eso no siempre gusta. Tal vez alguna señora del barrio de Salamanca se levante de su asiento, recoja su abrigo de pieles y abandone la sala. Pero, también es probable que algunas personas piensen "vaya, ése se parece a mi hijo y quizá esté siendo un poco injusto con él". Porque este mundo está muy loco y está mejor visto que un actor interprete el papel de asesino despiadado que el de maricón, faltaría más.

FRANK

miércoles, enero 05, 2011

EL DISCURSO DEL REY. Que me m m m me ha gustao

A pesar del viento gélido que acostumbra a soplar por estas fechas en las carteleras, El discurso del rey es sin duda una de las apuestas más seguras del momento y un agradable reencuentro con el cine comercial de calidad. La película narra los problemas del futuro rey Jorge VI para superar su tartamudez, en una época en que la radio había introducido la segunda exigencia para los monarcas tras años cuya única función era no caerse del caballo. La radio se había convertido en un potente medio de comunicación y los reyes debían dominar el medio (los Borbones nunca lo han superado), así que el pobre Duque de York debe asumir el trono de un país a punto de entrar en guerra con Alemania, después de que su hermano abdicara por una americana divorciada. Geoffrey Rush, un actor con un aspecto muy shakespiriano conseguido con una carrera dedicada al teatro, da vida a un logopeda con unos métodos poco ortodoxos. Duelo interpretativo (que se suele decir) memorable junto a Colin Firth y un dominio de ese humor tan inglés que sabe sacar partido a la confrontación entre un plebeyo y un refinado noble (en v.o, por dios, no quiero ni imaginarme el doblaje del tartamudeo). Evidentemente la película trata de la superación personal (nada nuevo) siendo esa su mayor virtud: no tener más pretensiones que la de un personaje tratando de superar su tartamudez. Como diría la ilustre Cándida “ella trabaja mu bien” (Helena Bonham Carter, por fin no vestida de bruja piruja) y “me ha gustao mucho, así que vayan a vela”.

Pitu

martes, diciembre 28, 2010

TAMBIÉN LA LLUVIA - Quinientos años no son nada (ya lo decía Gardel)

Bravo, por fin una película de corte social (con el estigma que eso supone), que, sin adoctrinar, consigue hacer reflexionar. Reflexionar sobre el mundo, sobre uno mismo, sobre lo que pensamos y decimos frente a lo que hacemos. Pero además, engancha y emociona.

También la lluvia narra tres historias que se funden: la de Costa (Tosar) y Sebastián (García Bernal), que se trasladan a Bolivia con todo su equipo para rodar una película de época; la de la explotación indígena con la llegada de Colón a América; y la de la Guerra del Agua, protestas indígenas acaecidas en Bolivia en el año 2000 mientras se rueda la película. Pero, en realidad, la primera es el medio para relacionar las otras dos en una sola historia, la Historia de siempre: la de la explotación de los más débiles para enriquecer a unos pocos. Porque del nivel más intimo de los protagonistas, viajamos al nivel general de los acontecimientos históricos, y nos recuerda la grandeza de las cosas pequeñas, que muchos pocos hacen un mucho, y que la Historia, al final, la hacen las personas.

La sola presencia de los actores protagonistas ya es motivo suficiente para ver la película (lo reconozco, mi motivación para verla fue Gael, es tan guapo…). Como no podría ser de otra manera, tanto Luis Tosar como Gael están estupendos, sin olvidarnos de Karra Elejalde, ¿¿es que nadie va a dar un papel protagonista a este actorazo?? Incluso el riesgo que supone trabajar con tanto actor no profesional es superado y, a medida que transcurre la historia, casi hasta lo olvidas.

Es ésta una película española (con el estigma que eso también supone) con un buen guión, capaz de hilvanar las tres historias en una. Bien realizada (gracias Icíar, una vez más). Coherente y compacta en su factura, ya que, incluso usando distintas técnicas, grabando cámara al hombro o usando imágenes de archivo, no se pierde el sentido de unidad.

Y prometo que los canapés del pase de prensa no han influido en mi opinión sobre la cinta.

ANDREVA

domingo, diciembre 26, 2010

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ - Demasiado corsé

El salto a la dirección cinematográfica de Jonás Trueba (hijo de Fernando) tiene todas las virtudes y defectos de una ópera prima. Todas las canciones hablan de mí es un retrato generacional a través de un chico cuya ruptura sentimental aún no ha superado tras seis meses de separación. Una película llena de referencias literarias, musicales e innovaciones narrativas (mirada a cámara, desdoblamiento de personajes…) que complementan una historia mil veces narrada (y mil veces más) muy deudora del cine de Woody Allen o Eric Rohmer. Y digo que complementan porque parece que los recursos surgen de una -obvia- necesidad de impresionar con la primera película ante unos ojos tan exigentes, importantes y divergentes como los de su padre y demás parientes. Jonás Trueba (que no ha llegado a los treinta) utiliza estos recursos para complementar una historia que de tan común y familiar cae en ocasiones en el tópico, introduciéndolos sobre todo en la primera parte de la cinta, dejando la segunda algo coja, lo que a mí, que soy un hombre aristotélico de toda la vida, pues me ha dejado un tanto frío. La película tiene buenos momentos y se nota su buena mano como dialoguista, su buena dirección de actores y, lo mejor de todo, su sincero romanticismo, que transmite principalmente con un deambular de los personajes por el Madrid de los Austrias (más cool) que desde Los peores años de nuestra vida (con guión de David Trueba) no veía yo. Los secundarios superan a los protagonistas en esta historia y su utilización sube varios enteros la película, sobre todo –no entiendo por qué no lo utiliza más- sus momentos cómicos. Pero dar un peso tan importante a la pareja protagonista y, sobre todo, a un actor tan plano como Oriol Vila -suponemos que su alter ego- con la misma expresividad que un geranio ha frenado su resultado final, que ni de lejos vamos a comparar –que mala cosa es- con el genial debut de su tío con Ópera prima. Una película demasiado encorsetada por los referentes de su director, donde el estilo está por encima de la historia y donde la propia historia no consigue cautivar por deficiencias en el guión, aunque el resultado global sea aceptable. Veremos si en el futuro consigue desarrollar un cine más consistente que tanto bien haría a los amantes de este género tan afrancesado. Confiemos.

Pitu

CITA

"A veces tengo la impresión de que el mundo del cine terminará con el propio cine".


José Luis Guerín en esta entrevista.

FRANK

viernes, diciembre 24, 2010

NEDS - La letra con sangre entra

A veces, uno se sienta en la sala de cine y tiene la sensación de que, en vez de viendo una película, está asistiendo a la exposición de una tesis doctoral. Y, claro, que me perdone mi amigo Iñigo, pero, por muy interesante que sea la tesis y por muy provechoso que sea para la sociedad el estudio llevado a cabo y la conclusión final, resulta aburridísima. Algo así es lo que hace Peter Mullan: presenta datos (léase "una sucesión de situaciones en la vida del protagonista") terribles, casi diría que objetivos, y desde luego, de un realismo feroz, con imágenes impactantes, pero no consigue enlazarlos para formar una historia con un mínimo interés.

Me confieso abiertamente admirador del señor Peter Mullan. Como actor (no hay que perderse su interpretación en Mi nombre es Joe) y como director (su filme Las hermanas de la Magdalena fue oficialmente prohibido por el Vaticano). No esconde de qué palo va y eso hay que agradecérselo. Así que está claro que ha querido hacer una crítica feroz al sistema educativo que imperaba en Escocia en los setenta, el que le tocó padecer (sospecho que se ha librado de unos cuantos fantasmas con esta película), un sistema educativo que, al decir de Mullan, era injusto, cruel y, en definitiva, una auténtica mierda, como el de ahora y como, me temo, el de dentro de treinta años. Lo único que parece haber cambiado es que ahora son los alumnos los que pueden agredir a los profesores, en una especie de justicia histórica.

Ni siquiera la gran interpretación de todos los actores (incluido Mullan, que se reserva un pequeño pero jugoso papel) salva la película. Pero, eso sí, el realismo (la verdad) que desprenden las caras y la forma de hablar de estos chicos es algo que tendrían que estudiar detenidamente los responsables de cásting y los directores de cine de todo el mundo.

FRANK

martes, diciembre 21, 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA - El circo ibérico mundial

Muy a pesar de la imponente potencia de fuego de la artillería promocional de Balada triste de trompeta se trata sólo/ni más ni menos que de otra película de Álex de la Iglesia.

A estas alturas es un lugar común reconocer que Álex de la Iglesia es un director personalísimo con firma y planetología propia. Sería imposible ver Balada sin reconocer su autoría antes del tercer minuto de bobina. Eso es valioso porque el arte genuino, creativo y original lo es. Otra cosa es que te guste lo de este adolescente varado (de cuarenta y cincuenta tacos no obstante) e hipertrófico que revienta su mundo iconográfico a base de una inagotable serie de criaturas grotescas, hiperplásticas, esperpénticas y típicamente hijas de una estética cómic aderezada con abundante aliño gótico y gore. O sea, lo que le mola a un púber freak enclaustrado en su habitación y aislado del mundo por un cordón sanitario de cine B, manga, palomitas, tebeos (a ser posible X) y ciencia ficción. Eso es Tarantino y eso es Álex con más ternura, descaro y un bendito y perpetuo gesto risueño.

Pero no busques a Bergman en la peli pese a lo equívocas que han llegado a resultar muchas críticas de la arcabucería real, del gran aparato promocional. Está claro que el dire es ahora, entre otras cosas, El Gran Capitán de los tercios cinematográficos patrios y que el juguete ha costado más de la cuenta (lo que no acabo de entender es lo de Boyero, ese hombre enfadado que no sé cuando va de colega, de farol, de tripi o de coña y que ahora le parece Balada la Casablanca del cine nacional).

Para mí gusto El Día de la Bestia es la mejor y más rescatable de las hijas de celuloide de De la Iglesia. Por la frescura, la sinceridad y el thriller pretendido en un Madrid fabulado y maravilloso, entre poblachón manchego de fonda y baúl y New York City ibérico, con sus rascacielos y sus interminables noches de neón y heavy metal. Deliciosa.

Lo demás, aunque todo encantador, se hace, sospecho, más a pulso y con menos trozo del corazón invertido en ello o simplemente, con menos suerte.

Balada triste de trompeta (el título rebosa aspiraciones y fealdad) parte, aparentemente, de un pretendido guiño de madurez en el que habrá que reconocer a las dos españas dándose de hostias a perpetuidad (en el caso de Álex hostias siempre son chaparrones de hostias, sangre, vísceras, crujidos y huesos rotos, of course) y quizás cazar en la metáfora de los payasos psicóticos en persecución constante y delirante la esencia de las entrañas y los dientes negros de esta maldita piel de toro.

No sé, mucho grano para poco pollo me parece.

No obstante y puesto que ya somos mayores, jefes y ricos, la peli debía tener más caballos que ninguna, como las motos, que esta vez tenemos el juguete grande, así que el arranque (firma de la casa) será el más cañero de todas las pelis y cientos de fotogramas a todo gas de salvajada estética, tumbando en la curva durante toda la cinta en intensidad freak, onírica/onánista, surrealista y gore de plastilina, que es lo que nos mola.

A pesar de tanta dinamita se salva mal (si no se salva en absoluto) la distancia entre la pretensión de íntima lectura patria, dolor de corazón, emoción y compunción con los enanos volando, los elefantes, la trapecista y el payaso jodiendo, el hombre bala dándose de hostias en cada secuencia, la charcutería a tope y sobre todo la interminable persecución entre los dos payasos de manicomio, que agota a cualquiera (en eso muy Muertos de risa).

Hay a quien le gusta decir que el cine tiene que entretener, o que conviene (De la Iglesia, Boyero, etc). Lógico, el problema es que a mí Bergman me entretiene muchísimo más que Spilberg y Tarantino juntos. Ellos sin embargo se refieren justo a lo contrario. Es un maldito eufemismo. A pesar de reconocer los bichos tan simpatíquísimos propios de la casa, imprescindibles siempre, Balada triste de trompeta a mí me llega a aburrir y en ningún caso a emocionar (hasta ahí podíamos llegar) y por su puesto, a hacer reír bastantes veces.

Pero le sobra (kilo)metraje, aspiraciones y hagiógrafos.

PD1: Me siguen irritando las chapuzas (en absoluto intencionadas) de arte, secundarios, etc, o sea, oficio/industria sobre todo cuando hay pasta… con eso el cine español sigue desangrándose en espectadores enfurruñaos.

PD2: Antonio de la Torre empieza a ser un actor imprescindible (ya lo sabíamos). Carlos Areces se sale por los cuatro costaos (no lo sabíamos).

PD3: Con todo, lo mejor, de lejos, de Balada triste de trompeta es, sin duda, ver a un tipo que es exactamente Juan Manuel de Prada corriendo en pelotas por el mundo y padeciendo los infinitos y humillantes puteos a los que le somete un profesional absoluto del tema como Alex de la Iglesia. Un sueño húmedo.


ARM